A veces, Isabel también tenía esa misma impresión, pero elegía creer que Sara no pensaba así.
Sin embargo, lo que habían visto hoy con sus propios ojos no dejaba lugar a dudas.
—Mamá, no te mortifiques tanto. Es fácil pasar de la pobreza a la riqueza, pero difícil al revés. Aunque descubrimos que nos intercambiaron al nacer, los abuelos nunca la dejaron de lado. Seguro que en el fondo ella siente que algo le ha sido arrebatado.
—Si no le gustaba mi bufanda, me lo podría haber dicho, o simplemente no aceptarla. Ni siquiera me importaría si solo la guardara en un cajón. Pero tirarla como si fuera basura... Cada puntada de esa bufanda la hice con todo mi amor.
Silvia estaba realmente desolada.
Desde un principio se hizo a la idea: si la familia Solís no abandonaba a Sara, ella tampoco exigiría que volviera a su lado para actuar como su hija. Entendía que estando con los Solís, Sara tendría un futuro brillante. Constantemente pensaba en el bienestar de la joven.
Sara aceptó su bufanda, al día siguiente salieron juntas de compras, y Sara incluso le compró algo de ropa y zapatos. Silvia llegó a ilusionarse, creyendo que su relación madre-hija estaba floreciendo.
Pero resultó que solo se había hecho ilusiones.
Isabel consoló a Silvia:
—Mamá, pase lo que pase, siempre me tendrás a mí.
Silvia notaba profundamente todo el cariño que Isabel le daba.
En su corazón, Isabel siempre sería su verdadera hija.
Nunca debió haberse hecho ilusiones con Sara.
—Gracias, Isabel.
Isabel extendió su mano, tomando la de Silvia.
—Viví contigo por muchos años, en cambio ella no ha pasado mucho tiempo a tu lado. Quizás es normal que no sientan cercanía de la noche a la mañana. No te presiones, tal vez con los años la relación mejore.
Sara era la hija biológica de Silvia, por lo que Isabel deseaba sinceramente que la joven pudiera abrirle su corazón a su propia madre.
Toda madre adora a sus hijos.
—Ay, tú sí sabes cómo consolar a las personas. Soy inmensamente afortunada de tenerte como hija.
Con el apoyo de Isabel, Silvia comenzó a sentirse un poco mejor.
Pero el desprecio de Sara seguía clavado en su pecho, llenándola de decepción.

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