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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 609

Tomás ya había ordenado investigar el asunto.

El tal Mauricio Jiménez que había irrumpido en su casa pertenecía a la ilustre familia Jiménez de la Capital.

La matriarca de los Jiménez había fallecido y Mauricio había ido a buscarla; todo indicaba que Silvia volvería para heredar una inmensa fortuna familiar.

La familia Jiménez de la Capital no era cualquier familia de segunda categoría.

Él no iba a dejar pasar una oportunidad como esta.

—¡Me voy de viaje de negocios!

—¿Viaje de negocios? —La señora Cárdenas no le creyó en absoluto y le espetó furiosa—: ¡Dime la verdad! ¿Piensas ir a buscar a Silvia?

—¿A ti qué te importa?

Tomás tiró de su maleta, decidido a salir.

La señora Cárdenas le bloqueó el paso y gritó severamente:

—¡No vas a ir a ninguna parte!

Tomás la empujó bruscamente y replicó molesto:

—Si no hubiera escuchado tus tonterías todos estos años y no me hubiera portado tan mal con Silvia e Isabel, ¡Silvia no me trataría con tanto desprecio! Te lo advierto, ahora ella pertenece a la familia Jiménez de la Capital. Si no voy a ganarme su favor ahora mismo, ¡y ella decide regresar a vengarse, ninguno de nosotros tendrá un solo día de paz!

—Así que sí ibas a buscarla. Tomás Cárdenas, nunca imaginé que fueras de esa clase de escoria. Ves que la situación de Silvia mejoró y ya quieres volver a colgarte de ella. Deberías mirarte al espejo y preguntarte si alguien de su estatus querría volver a tener algo que ver contigo.

La señora Cárdenas estaba al borde del colapso por la rabia.

Los recientes giros del destino le resultaban intolerables.

Isabel se había convertido en la heredera de los Solís, y hasta Silvia —esa mujer a la que ella siempre despreció por ser la amante— ahora pertenecía a la poderosa familia Jiménez.

Las personas que ella más había despreciado, de repente, se hallaban muy por encima de ella.

—No sé si ella me querrá o no, pero al menos debo intentarlo. Después de todo, fuimos marido y mujer alguna vez, y compartimos una hija.

Dicho esto, Tomás tomó su maleta y se subió al auto sin mirar atrás.

El pecho de la señora Cárdenas subía y bajaba agitadamente; estuvo a punto de desmayarse.

Sentía que su hogar entero se estaba desmoronando en pedazos.

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