Sara se acercó con la bandeja y colocó una taza de té frente a cada uno.
Luego, se sirvió una para ella misma.
Doña Eliana tomó un sorbo de té y, con tono solemne, comenzó a hablar:
—Don Tomás, ya que usted y Sara están al tanto de su verdadero parentesco, no hace falta darle más vueltas al asunto. Si usted no hubiera venido a buscarla, jamás habría revelado este secreto. Ahora que Sara ha decidido aceptarlo en su vida, dejo en sus manos la decisión de si quieren hacer público su vínculo o no.
Tomás notó de inmediato lo mucho que Doña Eliana apreciaba a Sara. Decidido a ganar puntos y recuperar a su hija, respondió con falsa sinceridad:
—Respetaré lo que Sara decida. Si ella está dispuesta a regresar a la familia Cárdenas, le aseguro que no le faltará absolutamente nada. Le daré todo lo que le corresponde por derecho.
Doña Eliana miró a su nieta y le dijo:
—Sara, tener una familia más y a otra persona que te quiera es una bendición. Tu abuelo y yo ya lo conversamos: sin importar si decides irte con tu madre, con tu padre o quedarte aquí con nosotros, nuestra promesa sobre la herencia sigue en pie. Tu parte está asegurada.
Sara la miró con los ojos llenos de gratitud.
—Abuela, abuelo... gracias por no haberme abandonado nunca. He vivido en esta casa más de veinte años, pero ahora que sé quiénes son mis verdaderos padres, creo que lo correcto es irme. No sería justo seguir ocupando el lugar que le pertenece a Isabel. He decidido mudarme. En cuanto a si haremos público o no lo de mis padres, me gustaría pensarlo un poco más.
Don Ricardo, sentado a un lado, seguía bebiendo su té en silencio.
Para este tipo de asuntos, siempre dejaba que su esposa tomara las riendas.
—Es comprensible que necesites tiempo para pensar antes de dejar el que ha sido tu hogar durante tanto tiempo. Ya eres una mujer adulta y apoyaremos cualquier decisión que tomes. Sin embargo... me parte el corazón que te vayas. Por favor, quédate a vivir aquí un tiempo más.
Doña Eliana y Don Ricardo jamás tuvieron la más mínima intención de desamparar a Sara.
Si le dijeron la verdad a Tomás, fue simplemente porque consideraban que ambas partes tenían el derecho de saberlo.
Tomás se dirigió a Sara y aportó su opinión:


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario