—No me lo dijo directamente. Solo insinuó que tenía sospechas, o quizás realmente estaba al tanto de todo. Sea como fuere, esto prueba que no está completamente del lado de Camila. Javier, Sara no es ninguna ingenua.
Con la información proporcionada por Fernando, las sospechas de Javier hacia Sara se volvieron casi una certeza.
Al mismo tiempo, una nueva idea cruzó por la mente de Fernando.
—Javier, quédate aquí a esperar los resultados médicos. Yo tengo que salir a arreglar un asunto.
Fernando condujo directamente hacia la pequeña villa donde Camila estaba recluida.
Camila no había dejado de gritar y armar escándalo. Intentó por todos los medios contactar a la Señora Cárdenas para que viniera a rescatarla, pero los guardaespaldas le habían confiscado el teléfono celular mucho antes.
Cuando vio entrar a Fernando, lo miró como si fuera su salvación y corrió hacia él.
Intentó agarrarlo del brazo, pero Fernando dio un paso atrás, permitiendo que un guardaespaldas se interpusiera para bloquear el paso de la mujer.
Camila pudo leer el profundo desprecio en los ojos del hombre.
—Fernando, sé que me equivoqué ocultando lo de Felipe, pero lo he criado todo este tiempo y lo he educado con amor. ¿No podrías perdonarme al menos por él y darme una última oportunidad?
Fernando acercó una silla y tomó asiento con parsimonia.
—Puedo darte una oportunidad.
Los ojos de Camila se iluminaron de emoción.
Pero Fernando la fulminó con una mirada gélida y continuó: —Dime, ¿desde cuándo estás aliada con Sara Solís?
Lo que Camila menos esperaba era que él supiera sobre su alianza secreta con Sara.
¿Acaso Sara la había traicionado?
La expresión en el rostro de Camila le dejó en claro a Fernando que ella estaba evaluando si le convenía o no confesar todo lo que habían planeado juntas.
Sin darle tiempo a pensar, Fernando atacó: —¿Sabes por qué empecé a sospechar que Felipe era mi hijo biológico con Isabel?
—¿Por qué?
—Fue Sara quien me lo dijo.
—¿Ella te lo dijo? ¡Eso es imposible! Yo jamás hablé con nadie sobre los verdaderos padres de Felipe.
Una sonrisa burlona asomó en los labios de Fernando. —Tú no lo dijiste, pero ¿crees que los demás son estúpidos y no pueden investigar? En este mundo no hay secretos que duren para siempre.
Camila se desplomó en el suelo, completamente abatida.
Siempre creyó que Sara era una idiota fácil de manipular.
Jamás imaginó que Sara la estaba vendiendo por la espalda.
Camila soltó una carcajada amarga.
Creerse demasiado lista había sido su perdición.
Si iba a hundirse por culpa de Sara, se aseguraría de arrastrarla con ella al infierno.
Levantó la vista lentamente y clavó sus ojos en Fernando. —Fernando, ¿te gustaría saber la verdadera razón detrás del accidente automovilístico de Isabel?

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