—Fui yo, pero la orden fue de Tomás Cárdenas.
Tomás se había reunido con Sara para pedirle que le administrara sus bienes. Sabía que le quedaba poco tiempo de vida y, para él, Sara era la única persona que le importaba, la única que alguna vez prometió cuidar de él en su vejez.
Era lógico que quisiera dejarle todo a ella.
—¿Tomás Cárdenas? Qué gracioso... ¿No se supone que es tu padre? Vaya, y ni siquiera lo llamas papá, te refieres a él por su nombre y apellido.
Sara jamás reconocería a Tomás como su padre.
No pensaba atar su destino al de él bajo ninguna circunstancia.
¿Qué clase de persona era Tomás?
Un asesino a sueldo.
Como abogada de prestigio, no podía darse el lujo de ser la hija de un criminal.
Por supuesto, eso era algo que jamás admitiría en voz alta.
Y total, nadie tenía pruebas.
—Camila, nunca fuiste una Cárdenas. Él las odiaba a ti y a tu madre con toda su alma. Era imposible que te dejara un solo centavo. Más te vale aceptar tu realidad.
—Vaya, qué agallas tienes, Sara. ¿De verdad crees que me voy a quedar de brazos cruzados?
Todos le habían dado la espalda.
Si ella se iba a hundir, se llevaría a todos con ella.
Antes actuaba desde las sombras, pero ahora, ¿qué más daba?
Sin decir más, Camila colgó el teléfono.
Sara escuchó el tono de línea muerta. Definitivamente, no podía permitir que Camila siguiera respirando.
Tenía que encontrar la forma de eliminarla sin levantar sospechas...
Tras meditarlo unos segundos, le envió un mensaje de texto:
«No cometas ninguna estupidez. Buscaré la manera de conseguirte lo que me pediste.»
Al leer el mensaje, la rabia de Camila se fue disipando poco a poco.
Quería a Felipe.
Hubo un tiempo en el que su cuerpo no estaba en condiciones de concebir.
Soñaba desesperadamente con ser madre.
Y para asegurar su propio futuro, había abandonado a su hija biológica.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario