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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 769

El peso aplastante sobre el cuerpo de Isabel de repente se alivió.

Sin embargo, su cuerpo seguía pegado al de Fernando.

—Isabel, rápido, sal de ahí.

Gracias a la roca que hacía de cuña, la presión sobre el cuerpo de Fernando también disminuyó un poco.

Ambos contrajeron el abdomen; el espacio era casi inexistente. A Isabel le costó un esfuerzo inmenso deslizarse por debajo del cuerpo de Fernando.

Ella creyó que al salir, el hueco bajo la cabina sería suficiente para que él también pudiera escapar.

Sin embargo, el enorme peso del teleférico hundió un poco más la piedra en la nieve. El cuerpo de Fernando seguía atrapado bajo el metal, incapaz de liberarse.

—¡Papá!

Los dos niños gritaron por él, con el corazón destrozado.

Isabel exclamó con el pánico apoderándose de su voz:

—Fernando.

Él levantó la cabeza y dejó escapar una sonrisa de puro alivio.

Saber que Isabel estaba a salvo era suficiente para darle paz; las tres personas que más le importaban en el mundo, por el momento, estaban a salvo.

Fue entonces cuando Isabel vio que, en la nieve alrededor del cuerpo de Fernando, una mancha de sangre comenzaba a expandirse.

Desesperada, agarró la mano de Fernando y, con la voz temblorosa, le preguntó:

—¿Cuánta sangre has perdido...?

Él no lo sabía; lo único que tenía claro era que estaba sangrando, y la herida le dolía a horrores.

—Isabel, estoy bien.

—Buscaré otra piedra. Aguanta, te juro que te sacaré de ahí.

Como ser humano con empatía, comprendía perfectamente todo lo que Fernando había sacrificado para salvarla a ella y a sus hijos.

Estaba dando su vida sin dudarlo para rescatarlos.

¿Cómo iba ella a dejarlo morir allí?

Pero Fernando aferró la mano de Isabel, incapaz de soltarla.

—Isabel, ya no te preocupes por mí. Escúchame, yo...

De pronto, Fernando escupió una bocanada de sangre.

Ese último esfuerzo sobrehumano para empujar la estructura hacia arriba le había causado nuevas y graves lesiones internas.

—¡Fernando!

—¡Papá!

Las lágrimas de Isabel brotaban sin control.

Sentía un dolor agudo en el pecho.

Verlo herido de esa forma le desgarraba el alma.

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