Doña Sofía supo de inmediato que estaba con esa flacucha de Camila.
—Vuelve a casa ahora mismo. Tengo algo importante que decirte.
El tono de la anciana se volvió repentinamente severo, y Fernando aceptó.
Antes de irse, tranquilizó a Camila. En cuanto a Ángel, preocupado por las bacterias y virus del hospital, ya había pedido a la niñera que se lo llevara a casa.
Fernando regresó a la casona.
Doña Sofía, al verlo con la barba de un día y el traje arrugado, sintió que la ira se apoderaba de ella.
Él siempre había sido un hombre elegante, que cuidaba su apariencia y su forma de vestir.
Con Isabel a su lado, siempre estaba impecable, apuesto y pulcro. Y ahora, por irse con Camila, acababa en ese estado lamentable.
—Mírate, ¿qué pintas son esas?
Fernando arqueó una ceja. —Anoche estuve ocupado buscando a Isabel, y luego su madre tuvo un accidente. Apenas he dormido.
—¿No será por culpa de Camila que estás así?
Fernando frunció el ceño.
—Hoy ella también tuvo un accidente. Fui al hospital un momento.
—Siéntate.
El tono de la anciana era tranquilo.
Fernando esperaba que se enfadara. La reacción de su abuela hoy lo sorprendió un poco.
—Han pasado tantos años. ¿Puedes decirle a tu abuela por qué te fijaste en Camila en primer lugar?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario