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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 782

Al acercarse a Isabel, los cuatro niños se detuvieron sin atreverse a hacer movimientos bruscos. Isabel se agachó y, uno por uno, les acarició la cabeza con ternura.

Ángel preguntó en voz baja: —Mamá, ¿papá ya está un poco mejor?

—Está mucho mejor, no te preocupes. En unos días los llevaré a verlo.

Gabriela comentó con tristeza: —Felipito me dijo que papá está muy lastimado, ¿le duele mucho?

Sin duda, las hijas eran pequeños angelitos llenos de empatía; lo primero que le preocupaba era si Fernando sentía dolor.

—Le duele un poco, pero su papá es muy fuerte.

Mateo y Felipe también expresaron algunas palabras de preocupación por él.

En resumen, el vínculo afectivo entre los cuatro niños y su padre seguía siendo muy profundo.

—Isabel, ¿te quedarás unos días más aquí o prefieres volver a casa? —preguntó Sebastián.

—Volvamos a casa. Estar en un hotel no es muy cómodo.

Sus maletas aún estaban en la residencia de la familia Sandoval.

Adriana acompañó a la familia de Isabel de regreso a la mansión Sandoval.

Ese mismo día, Doña Matilde Sandoval se enteró del incidente que habían tenido afuera. Al ver a Isabel regresar sana y salva, corrió a abrazarla con fuerza.

—¡Mi niña! ¡Casi me matas del susto! Si te hubiera pasado algo, ¿qué haría esta pobre vieja?

Su hija había fallecido joven, dejándola solo con aquella nieta, y que algo así sucediera bajo su cuidado hacía que Doña Matilde sintiera un peso de culpa insoportable.

—Abuela, no te preocupes, ¿no ves que estoy perfectamente bien?

Doña Matilde se secó las lágrimas y dijo con la voz temblorosa: —Qué bueno que estás bien, qué bueno... Tu tío Sebastián me contó que Fernando resultó gravemente herido por protegerte. Mañana iré a verlo.

Dejando de lado el pasado entre Fernando e Isabel, el hecho de que él la hubiera salvado a ella y a los niños hacía que no visitarlo fuera una falta de cortesía.

—De acuerdo.

—Ya es muy tarde y estás lastimada, ve a dormir temprano.

Doña Matilde ordenó a las criadas que bañaran a los cuatro niños, para que Isabel y Adriana pudieran descansar con tranquilidad.

Con tanta gente en la casa, había suficientes manos para cuidarlos.

Adriana entró en la habitación con Isabel.

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