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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 896

Dar el primer paso, soltar todo el dolor acumulado y permitir que sus corazones se unieran, era el deseo que por tantos años había anhelado en silencio y que por fin se había hecho realidad.

No sentía nada más que absoluta felicidad.

La felicidad en el amor y el matrimonio embellece a una mujer más que cualquier otra cosa.

—Me alegra tanto, Isabel. Verte por fin feliz al lado del hombre que amas me hace más feliz a mí que a cualquiera.

Isabel era su única amiga, y la mejor de todas. Verla plena era todo lo que deseaba.

—Gracias, Adriana. Y yo deseo de todo corazón que tú también encuentres la felicidad.

Adriana abrió los ojos de par en par y parpadeó con inocencia.

—Pero si yo ya soy muy feliz.

Tenía un trabajo estable y un pequeño negocio que le daba ingresos extras. Su vida era cómoda, no necesitaba depender de nadie y le iba muy bien por su cuenta. Además, tenía excelentes compañeros de trabajo y su círculo social se había expandido, algo que años atrás ni siquiera se atrevía a soñar.

—Adriana, a lo que me refiero es a que ya no eres una niña. Es hora de que te des la oportunidad de enamorarte y pensar en formar una familia.

Al mencionar el amor y el matrimonio, la mente de Adriana voló de inmediato hacia Arturo.

—No sé por qué, pero sigo sintiéndome como una adolescente. Siento que el matrimonio es algo muy lejano para mí.

Al escucharla, Isabel supo de inmediato que su tonto primo aún no había hecho su movimiento.

—Pues ya es hora de que lo pienses. Mis niños ya tienen tres años y nosotras nacimos el mismo año. Tú tienes cara de niña, pero si sigues sin casarte y sin hijos, en unos años me va a dar vergüenza salir contigo. Tú te vas a seguir viendo años más joven que yo y eso no es justo. Así que apúrate y búscate un novio.

—Ay, no digas tonterías. Eres hermosísima. Incluso en diez años seguirás siendo igual de bella. Si no, ¿cómo crees que lograste robarle el corazón a Fernando?

Cualquiera podía darse cuenta de que Fernando amaba a Isabel.

Incluso si en el pasado le había dado a Camila Cárdenas todos los caprichos del mundo, todo el mundo sabía que eso no era amor.

—Pues ojalá que las dos sigamos viéndonos hermosas por siempre.

Cuando Fernando regresó con los boletos, Isabel y Adriana se llevaron a los niños a subirse a la montaña rusa.

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