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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 900

—Te agradezco la invitación, pero prefiero ir solo a la hora de la comida.

Javier quería seguir buscando el momento ideal, pero simplemente no encontraba las palabras. Tenía miedo de asustarla si era muy brusco, y que al final ni siquiera quisieran seguir siendo amigos.

—De acuerdo, entonces te llevo a tu casa.

Javier encendió el auto y en poco tiempo llegaron al complejo residencial donde ella vivía.

Estacionó el auto frente a la entrada.

Cuando Adriana bajó, él la siguió de inmediato.

—Te acompaño hasta tu puerta.

Para entonces, el suelo ya estaba cubierto por una fina y brillante capa de nieve.

Caminaron juntos en silencio hasta llegar a la puerta del edificio.

Una vez frente a la entrada de su apartamento, Adriana se detuvo.

—Ya llegué. Ve a descansar, vete con cuidado.

Javier apretó los puños. Sentía el impulso ardiente de decirlo de una vez por todas, pero el miedo lo mantenía callado.

Adriana sacó sus llaves y estaba a punto de abrir la puerta.

—Adriana —la llamó Javier.

Ella se giró para mirarlo.

Sin previo aviso, Javier la sujetó suavemente por la nuca y unió sus labios con los de ella en un beso fugaz pero decidido.

Y en cuanto la soltó, dio media vuelta y salió huyendo.

Simplemente no sabía cómo enfrentarla después de lo que acababa de hacer.

Adriana se quedó congelada en su lugar, con el corazón latiéndole a mil por hora. Tardó un buen rato en reaccionar.

Estaba en shock. ¿Qué mosca le había picado a Javier para besarla así de repente? ¡Ese era su primer beso!

Tras el nerviosismo y la impresión, empezó a sentir una ligera punzada de indignación.

¡Qué descaro! ¡Le robó su primer beso sin siquiera pedirle permiso!

Pero... ¿por qué lo había hecho? ¿Y por qué salió corriendo como un ladrón?

¿Acaso ella le gustaba?

Su mente era un caos total.

Entró a su casa como flotando en una nube.

Después de ducharse, se metió a la cama y tomó su celular, pensando en llamar a Isabel para desahogarse, pero al ver la hora se contuvo; no quería interrumpir a Isabel y a Fernando.

Tras dudarlo un momento, dejó el teléfono en la mesita de noche y se arropó. Pero por más vueltas que daba, no lograba conciliar el sueño.

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