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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 94

¡Cada vez le parecía más claro que Camila Cárdenas era una estúpida!

Camila siempre había sido la niña de los ojos de Fernando, y aun así, se atrevía a hacer algo así. Antes, tal vez hubiera dado igual, pero ahora Isabel era, después de todo, la madre de sus tres hijos.

Si a Fernando, que no le faltaba el dinero, de verdad le hubiera dado por ser cruel con Isabel, ya se habría divorciado.

Camila todavía no entendía esa lógica.

Por muy despiadado que fuera un hombre, siempre tenía que guardar las apariencias. Al fin y al cabo, Fernando representaba a todo el Grupo Montero.

Giselle se preguntaba si el hecho de que la familia Cárdenas estuviera tentando la paciencia de Fernando afectaría la posición de Camila en su corazón.

¿Hasta qué punto sería capaz Fernando de tolerar las acciones de Camila?

¿Debería observar en silencio o echar un poco de leña al fuego?

Giselle apartó esos pensamientos. Estaba a punto de terminar la jornada laboral y tenía que acabar el trabajo pendiente.

Últimamente, el volumen de trabajo de la oficina no era excesivo, pero los asuntos personales de su jefe sí, y le ocupaban bastante tiempo.

Fernando miró su reloj. Casi era hora de salir.

Pensó en el rostro frío de Isabel y se le quitaron las ganas de volver a casa. Estaba a punto de llamar a Javier cuando entró una llamada suya.

—Fernando, ¿hubo chispas anoche entre la parejita?

La voz de Javier sonaba divertida. Aunque no tuviera novia, eso no significaba que no supiera de esas cosas.

Isabel había estado embarazada mucho tiempo, luego la cuarentena, y justo después, el drama del divorcio. Fernando tenía toda la pinta de estar sexualmente frustrado.

—¿Qué… qué quieres decir con eso?

—Anoche estabas borracho en La Cava Nocturna, así que le pedí a la recepcionista que llamara a tu esposa para que te recogiera. ¿No hubo un poco de… ya sabes… después?

Fernando recordó la noche anterior, cómo Isabel lo había dejado fuera del dormitorio principal y, para colmo, la vergüenza de haber manchado la sábana. Su rostro se ensombreció al instante.

—Agradezco tu buena intención, pero no la necesito. Espero que no haya una próxima vez.

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