Rowan
Mis pies tocan el pavimento mientras corro. Normalmente corro por la mañana, pero hoy decidí hacer lo contrario. Eran alrededor de las siete de la noche y necesitaba correr.
Acelero, sintiendo mis músculos arder. Quería dejar atrás mi culpa. Quería dejar atrás mi dolor. Quería dejar atrás mi maldita estupidez.
La culpa de cuánto lastimé a Ava me estaba comiendo vivo. Me estaba destruyendo de adentro hacia afuera. No he podido verla desde que descubrí mis sentimientos por ella.
Me miro en el espejo y todo lo que veo es un ser humano despreciable. Estoy asqueado por mis acciones. Asqueado por todo lo que le hice.
Pensé que era un buen hombre. El tipo que ama ferozmente. Siempre estuve orgulloso de mí mismo por aferrarme a mi amor por Emma. Pensé que significaba que mis sentimientos por ella eran verdaderos. Lo que no me di cuenta fue que mientras hacía eso, estaba lastimando a la mujer que realmente amaba.
"¡Mierda!", me maldigo a mí mismo y al mundo.
¿Cómo diablos llegué aquí?
Me esfuerzo más mientras paso corriendo por la gasolinera a unos pocos kilómetros de mi casa. No tengo tiempo para bajar la velocidad porque una vez que lo haga, mis demonios volverán para atormentarme. Para burlarse de mí con todos mis errores.
Cada vez que cierro los ojos, veo su rostro de hace muchos meses, antes que pidiera el divorcio. Ni siquiera recuerdo lo que le dije, pero le dolió bastante. Recuerdo que cerró los ojos de dolor cuando me dijo que me odiaba. Me burlé. Sin saber que un día anhelaría el amor que ella solía tener por mí.
Metí la pata hasta el fondo. Ahora todo está arruinado y no sé cómo arreglarlo.
Mi teléfono suena y salgo de mis pensamientos que me ahogaban.
"Hola", respondo sin ver el identificador de la llamada. Mi respiración se agita y se acelera.
"¡Papá, soy yo!", Noah grita emocionado.
Hablamos por teléfono, pero no he ido a verlo. No cuando verlo significa ver a Ava.
"Hola, amigo. ¿Cómo estás?".
"Sí", Noah responde. "¿Estás bien, papá? No suenas bien", dice después de darse cuenta que no estaba tan emocionado por él como debería.
Me doy la vuelta y comienzo a caminar de regreso a casa. Mis adentros ardían de envidia. ¿Y si ella elegía a este hombre? ¿Y si estaban en una relación? ¿Y si se enamoraba de él? Cuanto más pensaba en todas las posibilidades, más me enojaba conmigo mismo por ser tan idiota.
"¿Dónde es?", le pregunto secamente.
"Oh, es en el pueblo de al lado", responde. "¿Estás bien, papá?".
"Sí. Claro que sí", miento.
"Está bien", su voz es escéptica. "Hablaré contigo más tarde. Solo quería hacerte saber que no estaré cerca mañana, en caso de que quisieras verme. Adiós papá, buenas noches".
"Buenas noches a ti también, amigo", dije, colgando el teléfono.
Seguí mi caminata. Había salido esa noche con la esperanza de calmar mis pensamientos. Fue en vano porque, además de todo el estrés, ahora estaba con un enojo que me llevaba el diablo.

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