Veo a Rowan en el momento en que entramos. Al igual que su hermano, vestía un traje negro. Llegamos al frente de la capilla justo cuando el sacerdote entra.
"Hola, Harper", Rowan saludó cortésmente, con una sonrisa de bienvenida.
Estoy totalmente sorprendida. Estaba completamente transformado, no se parecía en nada al Rowan que recuerdo. Antes, siempre se veía frío y distante, como si tuviera un resentimiento, lo que tenía en ese entonces. Ahora, sin embargo, se veía cálido. Es como si la oscuridad que una vez lo atormentó ya no existiera.
"H-Hola", tartamudeé.
Me pregunto si logró regresar con su ex novia. Después de todo, todos sabían que cambió después de perderla y verse obligado a casarse con Ava. Sí, probablemente fue eso. Odiaba a Ava, así que este cambio probablemente se debía a su hermana, Emma.
"Comencemos, ¿sí?". El sacerdote interrumpió y los tres asentimos.
Estoy de pie junto a Gabriel, mientras Rowan está detrás de nosotros.
No le presto atención al sacerdote cuando comienza a dar un tipo de sermón. No tengo nada en contra de las iglesias, pero creo que Gabriel debió haber aceptado hacerlo en un juzgado. Era mucho más fácil.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando por fin escuché al predicador decir que ya era hora de casarnos. Di un suspiro de alivio porque casi habíamos terminado.
"Es hora que digan sus propios votos", nos informó, sus ojos se movieron de mí a Gabriel.
Despejo mi mente y hablo. "Saltemos esa parte".
No había manera que hiciera esto dos veces. Recuerdo que cuando nos casamos por primera vez, había escrito un voto hermoso y sincero porque amaba mucho a Gabriel. Se lo leí solo para que se riera y se burlara de mí como si no fuera más que un repugnante parásito. Me sentí muy avergonzada porque las otras parejas que estaban detrás de nosotros lo oyeron, y también el ministro.
Luego me interrumpió y me dijo que no le servía de nada que una niñita tonta le dijera esas inútiles palabras. Esa había sido la primera indicación que nuestro matrimonio no era algo que él hubiera deseado.
El sacerdote se aclaró la garganta, sacándome de esos pensamientos dolorosos. Se giró hacia Gabriel, como si buscara su permiso. Cuando aceptó en silencio, el sacerdote procedió.
"Por los poderes que me han sido conferidos, los declaro ahora marido y mujer", sonrió el sacerdote. "Ahora pueden besarse…"
Lo interrumpí de nuevo. "Nos saltearemos esa parte también".
Me lanza una mirada tan dura que si fuera un arma, estaría a dos metros bajo tierra.
"¡Está bien!", se quejó. "Ya estás casada... ¿feliz?".
"Ni de cerca", respondí dulcemente.
Firmamos el certificado de matrimonio, haciéndolo oficial.
Una vez más era la Señora Gabriel Wood y algo me decía que este nuevo viaje iba a ser toda una aventura.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arrepentimiento del ex-esposo