"Hola, Calvin", su alegre voz me saca de mis pensamientos.
Sonrío y me levanto. Le doy un abrazo y luego le doy un beso en sus mejillas sonrosadas.
Conocí a Kinley por casualidad en una convención de construcción. Ella es arquitecta. Nos entendimos de una manera que nunca anticipé. Su comportamiento ingenioso y encantador me atrajeron en el momento en que se sentó a mi lado.
Fue atrevida cuando me pidió mi número después que la convención terminó. Aún estaba tratando de sanar del hecho de haber sacado a Emma de mi vida, pero por alguna razón terminé escribiendo mi número en su teléfono.
"Espero no haberte hecho esperar", dice con una voz dulce mientras le acerco la silla.
Sonrío antes de tomar mi propio asiento. "Para nada".
"Primero que todo, ¿cómo está Gunner?", pregunta, inclinándose hacia adelante, con adoración en su mirada. "¡Lo extraño tanto!".
Empezamos como amigos. Enviándonos mensajes de texto de vez en cuando. Ella me enviaba videos graciosos que siempre me hacían sonreír. Nuestras conversaciones eran simples y principalmente consistían en saber cómo estaba el otro.
Poco a poco, pasamos a algo más. Los mensajes comenzaron a ser diarios en vez de solo unos pocos días a la semana. Luego pasamos a las llamadas... y antes que me diera cuenta, estábamos quedando para almorzar. Almuerzos platónicos.
Era fácil estar cerca de ella. Me sentía libre. Sentía que podía ser yo mismo a su lado. En su presencia, me sentía en paz. No tenía que preocuparme por si estaba pensando en otro hombre como Emma. No tenía que preocuparme por si me estaba comparando con el amor de su vida. No tenía que ocultar que estaba con ella.
Me encantaba estar cerca de ella y, cuando estaba cerca de ella, no tenía que pensar en mi dolor o en mi desamor. No tenía que pensar en Emma.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arrepentimiento del ex-esposo