Las palabras de Mia seguían resonando en mi cabeza mientras caminaba a mi coche. La verdad había sido brutal. No fue fácil aceptar la cruda verdad, pero debía aceptarla.
En vez de salir del estacionamiento de una vez como suelo hacer, simplemente me siento en mi coche y dejo que las lágrimas caigan. No podría detenerlas ni aunque quisiera. El espacio se llena con los sonidos de mis llantos. Mis sollozos vienen de lo más profundo mientras el peso de todas mis acciones me golpea.
Mi cabeza cae contra el volante porque ya no puedo sostenerla. Llevaba mi vergüenza como una segunda piel. Estaba grabada en lo más profundo de mí como un maldito tatuaje.
¿Por qué dejé que llegara tan lejos? ¿Por qué lo lastimé de esa manera? ¿Por qué permití que mi egoísmo arruinara la relación que pude haber tenido con Gunner?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Mis labios tiemblan mientras lloro. La culpa sacude mi cuerpo, sacudiéndome como si me hubieran electrocutado. Quiero gritar. Quiero golpear algo. Quiero recostarme y morirme. Duele. Duele muchísimo y no sé cómo detener el dolor.
Me permito llorar hasta que no hay más lágrimas. Hasta que mis lágrimas se vacíen. No estoy segura de cuánto tiempo me quedo ahí llorando, pero cuando estoy más tranquila, enciendo el coche y me voy.
Soy un desastre, no lo voy a negar. Pero no es solo porque he estado llorando a mares durante los últimos minutos. Diablos, han sido horas, porque estuve llorando desde que entré en la oficina de Mia.
¿Cómo arreglas las cosas cuando has hecho tanto daño? ¿Por dónde empiezo? Sería más sencillo si hubiese sido un daño de tan solo unos meses, pero han sido años. Años de daño.
Me he perdido de muchas cosas. Su primera palabra. Su primera vez caminando. Su primer día de escuela. Su primera vez diciendo mamá. Me perdí su primer cumpleaños y los que vinieron después. ¿Cómo lo compenso?
¿Cómo?
Paso todo el viaje a casa pensando. Pensando en todas las cosas que podría haber hecho. Pensando en cómo podría haber manejado las cosas de manera diferente. Lamento muchas cosas, pero mi mayor arrepentimiento es lo cruel que fui con Gunner. No merecía ser despreciado por su propia mamá.
Todo el viaje se pasó borroso, pero afortunadamente no me meto en ningún problema. Estaba tan perdida en mi cabeza que fue un milagro que no tuviera un accidente.
Conduzco hasta nuestra finca y las puertas de hierro se cierran detrás de mí con una especie de cierre que siento que se refleja en mi vida en este momento. Una parte de mí siente que no hay esperanza. Que debería renunciar a mi relación con Gunner. Que es demasiado tarde para arreglar lo que dañé. Sin embargo, la parte más fuerte de mí no quiere darse por vencida. No quiere dejar ir todavía.

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