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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 200

Ahora, Willow tenía la cabeza descubierta, y los restos irregulares de su cuero cabelludo afeitado le daban un aspecto extraño, casi cómico. Su piel, antes perfecta, estaba ahora apagada y sin vida, su rostro demacrado y cansado, muy diferente de la persona que fue.

Al mirarla ahora, Lucas no sintió nada, ni simpatía, ni afecto, solo asco. Agarró las frías barras de acero que los separaban, la miró con furia y le exigió:

—Dime la verdad, Willow. ¿Quién financió mi educación?

Ella no esperaba que él viniera aquí para hacerle esa pregunta. Sus ojos parpadearon, revelando un breve momento de pánico. En cuestión de segundos, recuperó la compostura y mintió con calma:

—Por supuesto que fui yo.

—¡Deja de fingir! Lauren me dijo que ella fue quien me envió ese dinero. ¿Me engañaste? ¿Por qué? —rugió Lucas, perdiendo la paciencia.

Sus ojos la atravesaron, buscando la verdad, una verdad que estuvo oculta durante años. El corazón de Willow latía con fuerza.

«Él lo sabe».

Por primera vez, vio verdadero odio en los ojos de Lucas. Sabía que ya no podía mantener la fachada, soltó una risa repentina y aguda, un sonido mezclado con crueldad y locura. Sus palabras rezumaban burla:

—¡Cinco años! ¿Te costó cinco malditos años darte cuenta? ¡Eres un auténtico idiota! Así es, Lauren fue quien te financió. Trabajó hasta la extenuación, te envió cada centavo que ganó, mientras ella apenas podía permitirse comer. ¿Y qué hiciste con su dinero? ¿Comprar ropa de diseño? ¿Pavonearte por el campus fingiendo ser rico?

Ella se rio más fuerte, su frágil cuerpo temblaba de risa.

—¡Dios, deberías haberte visto! Cada vez que usabas su dinero para comprarme regalos, tratando de impresionarme, ¡casi me muero de la risa! ¿De verdad pensabas que eras una especie de príncipe azul? ¡Por favor! Lauren no era más que una tonta, ingenua y lamentable. ¡Se merecía sufrir! Esa mujer despreciable, ¿cómo puede compararse conmigo? Sus propios padres, su hermano y su amigo de la infancia la traicionaron, se lo merece. Ella nació en el lujo, mientras que yo…

La voz de Willow se entrecortó, la rabia brilló en sus ojos. Se había pasado toda la vida resentida con Lauren por tener lo que ella nunca pudo. Un apellido prestigioso, un futuro dorado, una vida hecha para ella.

Su grito fue gutural. Willow solo sonrió, con sus ojos huecos brillando con un placer enfermizo. Con la voz llena de veneno, murmuró:

—Oh, vamos, Lucas. Estabas tan cegado por tu obsesión conmigo, tan desesperado por ser mi perrito faldero, que ni una sola vez cuestionaste nada. Patético. Déjame adivinar la razón por la que sabes que fue Lauren y no yo quien te apoyó en aquel entonces, es porque ella misma te lo dijo, ¿no? —Hizo una pausa, una sonrisa maliciosa se extendió por su rostro antes de continuar—: Por fin le rogaste perdón a Lauren, ¿no es así? No importa cuánto supliques, ella no te perdonará jamás.

Estalló en una risa cruel, agarrándose el estómago como si le doliera de la risa. Willow siempre había sido una mujer egoísta y calculadora. Ahora que había tocado fondo, no podía soportar sufrir sola. Y Lucas, inútil, desechado, despojado de todo lo que valía, era el blanco perfecto para su miseria.

Desató en él cada gramo de su frustración, escupiendo veneno con un abandono temerario. Ver su rostro retorcerse de furia, culpa y arrepentimiento la llenó de una satisfacción enfermiza y retorcida. Lucas sacudió con violencia los barrotes de hierro, con una expresión salvaje, como si solo quisiera hacerla pedazos.

—¡Maldita bruja, sucia víbora, mereces pudrirte en el infierno!

Los recuerdos inundaron su mente, años de mentiras. Usar el dinero que Lauren se había ganado con tanto esfuerzo para complacer a Willow. Enviar a Lauren a la cárcel durante cinco años, todo por esta mujer.

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