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El Contraataque de la Exesposa Multimillonaria romance Capítulo 34

La tensión en el ambiente era tan densa que hasta las empleadas dieron un paso atrás.

Al ver que Kiara guardaba silencio, Bianca jaló a Agustín hasta el exhibidor.

—¡Agustín, me encantó este! ¿Me lo compras?

—Pero...

Agustín miró a Kiara. No se negó de inmediato, pero tampoco aceptó.

Él sabía perfectamente que esos accesorios eran piezas únicas. Si se lo compraba a Bianca, Kiara se quedaría con las manos vacías.

Notando sus dudas, Bianca atacó directo:

—Ay, Kiara, no me digas que me vas a pelear el broche. Después de todo lo que he logrado para la clínica, creo que me lo merezco más...

Aprovechando la salida que le daba Bianca, Agustín se excusó:

—Es cierto, Bianca tiene un punto... Miren, para que no haya pleito, en unos días Rosario entra al kínder. Voy a comprarle el broche a ella como regalo por su primer día de clases.

—¡Qué buena idea! Kiara, no me digas que le vas a quitar un regalo a una niña.

Kiara le sostuvo la mirada, riéndose por dentro.

¿Una niña de cuatro años usando un accesorio de casi cien mil pesos?

Había que ser muy idiota para inventar una excusa tan absurda, y Agustín lo era.

Decir que era para Rosario era exactamente lo mismo que comprárselo a Bianca.

Justo cuando la mirada de Kiara se endureció y estuvo a punto de contestar, una empleada se acercó con nerviosismo.

—Una disculpa, clientes... pero este broche ya lo apartaron.

—¿Quién? ¿Ya lo pagó? —preguntó Bianca con prepotencia.

La vendedora no supo qué responder a ese comentario.

—¡Ay, por favor! Si no lo ha pagado, entonces no está apartado. ¡Me da igual, yo me llevo ese broche hoy mismo!

Ante su berrinche, la vendedora no tuvo más remedio que ir a buscar a la gerente.

El cliente en cuestión no había dejado anticipo, pero era alguien con quien definitivamente no podían meterse.

La gerente escuchó la situación, se acercó a ofrecerle disculpas a Bianca y luego salió de la tienda a toda prisa.

En ese preciso instante, Alexander caminaba por ese mismo pasillo.

Acababa de cerrar un negocio importante y decidió dar una vuelta para comprarle un detallito a su novia.

Fue entonces cuando una mujer desconocida se le acercó apresuradamente, siendo detenida de inmediato por sus guardaespaldas.

—Disculpe la interrupción, señor Santos. Soy la gerente de la boutique DFKC...

Tras presentarse, la mujer le explicó el dilema.

Resultaba que alguien estaba haciendo un escándalo por el broche que él había mirado un rato antes.

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