Al notar la mirada en sus ojos, Jaime de pronto comprendió a lo que este se estaba refiriendo. De inmediato, miró a Josefina e Isabel, quienes aún tenían una sonrisa de satisfacción en su rostro, antes de gritarle de manera frenética al hombre:
—¡Ey! ¡No es lo que estás pensando! ¡Lo estás malinterpretando!
Sin embargo, el hombre ya había desaparecido en la distancia.
—¿Podrían ustedes dos cuidar sus palabras?
Jaime pudo sentir como las sienes de su cabeza palpitaban. Hasta ese momento, comprendió que las palabras de Josefina e Isabel podían ser malinterpretadas con mucha facilidad por los otros. ¡No era de extrañar que les dijera eso justo ahora!
—¿Acaso dijimos algo malo?
Ambas mujeres miraron a Jaime confundidas.
—Como sea. No toquemos más el tema. El General Jiménez quiere verme, en este momento voy con él.
Jaime suspiró impotente, antes de darse la vuelta y alejarse. Estaba seguro de que el hombre del Ministerio de Justicia estaría murmurando a sus espaldas.
—Isabel, ¿Qué fue lo que dijimos? —preguntó Josefina, después de que Jaime se fue, ella aún no era capaz de comprender lo que había sucedido.
—Mmmm, en realidad no dijimos nada. Solo que anoche fue asombroso y que no nos habíamos sentido también en mucho tiempo.
Isabel también dudaba. Sin embargo, un momento después, el entendimiento golpeó a las dos mujeres al mismo tiempo, y sus rostros, al momento, se enrojecieron.
Ellas habían compartido una habitación con Jaime la noche anterior. No había la menor duda de que lo había malinterpretado. Después de todo, ¿qué podría un hombre y dos mujeres hacer, estando solos en la misma habitación?
Además, ambas habían expresado su satisfacción ante la maravillosa noche que habían pasado. Cualquiera que escuchara eso, asumiría que ellos se habían divertido en la recámara y nadie pensaría que en realidad estuvieron cultivando.
Sintiéndose muy avergonzadas, Josefina e Isabel corrieron de regreso a su habitación.
Cuando Jaime llegó al vestíbulo del Ministerio de Justicia, vio que Teodoro estaba esperándolo. Había alguien más a su lado, y ese no era otro sino Sion, el Presidente de la Alianza de Guerreros en Ciudad de Jade.
—Bueno, la Alianza de Guerreros en realidad no debería hablar de reglas. Era obvio que la alianza se inclinaba del lado de los Duval, durante el Torneo. También permitieron que otras sectas me hicieran las cosas aún más difíciles. ¡Lo justo es que les diera una lección!
—¡Vaya! ¡Qué malcriado tan arrogante!
Sion se burló, antes de golpear la mesa con uno de sus puños. Al siguiente momento, envió una explosión de aura gélida hacia Jaime.
¡Fii!
Al instante, Jaime sintió como si una montaña estuviera presionándole, y la silla en la que estaba sentado se fracturó debajo de él. Apretando sus dientes, él trato de resistir el aura de Sion, mientras numerosas gotas de sudor se formaban en su frente.
Como Sion era más poderoso que Humberto, la fuerza actual de Jaime no era suficiente para defenderse del hombre.
—Presidente Zapata, vamos a calmarnos y a tener una plática civilizada. No le traería nada bueno si el Señor Salazar se entera que atacó al Señor Casas en público en el Ministerio de Justicia, ¿cierto? —amenazó Teodoro a Sion, él sentía que Jaime apenas y podía sostenerse.

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