Dicho esto, Stefano saltó en al hoyo y miró a Jaime con frialdad.
—Jaime, apuesto a que no viste llegar ese giro del destino. ¡Ahora es mi turno de encargarme de ti!
Después de hablar, el cuerpo de Stefano comenzó a brillar con una luz dorada, mientras una marca entre sus cejas palpitaba.
—¿Eres un Cultivador Demoniaco? —Jaime frunció el ceño.
Stefano no le prestó atención a su pregunta, en lugar de eso, se burló:
—Hoy, usaré mi Armadura Gólem para aplastarte, antes de absorber toda la energía marcial de tu cuerpo para mi beneficio.
Al terminar ese comentario, Stefano se acercó a Jaime.
Los ojos de Jaime se entrecerraron, y un destello dorado cruzó la palma de su mano, con la cual golpeó a Stefano con ferocidad. Aunque Jaime tenía múltiples heridas, no era un blanco fácil.
Además, Stefano se confesó como un practicante de la Cultivación Demoniaca. Jaime nunca hubiera esperado que el líder de la Familia Salgado, en el digno mundo de las artes marciales en Ciudad de Jade, se volviera un practicante de la Cultivación Demoniaca, la cual usaba técnicas malvadas.
Jaime estaba muy intrigado por el hecho de que Humberto, el director de la Alianza de Guerreros, quien no estaba tan lejos de ahí, ignorara por completo el que Stefano fuera un Cultivador Demoniaco.
Después de todo, al comienzo del establecimiento de la Alianza de Guerreros, era su misión eliminar el mal y defender el camino puro. Ellos se habían esforzado por defender el mundo de las artes marciales de la Cultivación Demoniaca, pero ahora parecía que había un secreto en la Alianza de Guerreros.
Stefano esquivó el golpe de Jaime y contraatacó. Él golpeó con su enorme palma la espalda de Jaime, lo que hizo que este cayera hacia adelante. En el momento en que Jaime se levantó, Stefano lo golpeó de nuevo. Esta vez, le dio al otro una patada, lo cual hizo que la débil luz dorada del cuerpo de Jaime desapareciera al instante.
En solo un momento, la energía marcial de Stefano desapareció por completo, y con la pérdida de su energía, sus latidos se detuvieron también. Justo cuando perdió la conciencia, sus ojos aún miraban a Jaime conmocionados.
Después de absorber la energía marcial de Stefano, Jaime comenzó a transformarla en energía espiritual. La luz dorada de su cuerpo poco a poco comenzó a aparecer de nuevo.
Parado no muy lejos de ahí, Humberto notó que no había habido ningún movimiento por algún tiempo. Por eso, se acercó al hoyo para mirar adentró. Sin embargo, cuando estiró la cabeza, una figura brillante pasó zumbando a su lado. Entonces, se detuvo a prisa y vio a Jaime de pie, frente a él, todo su cuerpo brillaba con una luz dorada, mientras, dentro del hoyo, solo el cuerpo muerto, arrugado y encogido de Stefano permanecía ahí.
—Entonces, ¡también te gusta la Cultivación Demoniaca!
Con una sola mirada, Humberto compendió con exactitud, lo que había sucedido. Era obvio que el estado trágico de Stefano había sido causado por alguien que absorbió toda la energía marcial de su cuerpo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)