—¡Vete a la mi*rda!
Abrumado por la rabia, Jaime lanzó un puñetazo a Calixto antes de que este pudiera terminar su frase.
Al ver el ataque de Jaime, Saulo desató su aura de repente. Por su poder explosivo, se podía decir que estaba a un paso de ser un Gran Maestro Superior de Alto Nivel.
—Jaime, colabora con nosotros y no tendrás que sufrir.
Antes de terminar, Saulo le lanzó un puñetazo a Jaime.
La explosión que se produjo fue tan fuerte que arrasó con los árboles que los rodeaban.
Mientras Jaime se tambaleaba hacia atrás, Saulo también tuvo que retroceder unos pasos antes de estabilizarse.
—Tu fuerza ha mejorado considerablemente. No me extraña que te hayas atrevido a desafiar a la Alianza de Guerreros —le comentó Saulo a Jaime.
—Deja de perder el tiempo. Si le pasa algo a Isabel, los borraré a los dos de la faz de la Tierra.
Con eso, Jaime se dio la vuelta y huyó.
No quería enfrentarse a ellos, ya que primero quería comprobar cómo estaba Isabel.
—¡Señor Noguera, se está escapando! —gritó Calixto con ansiedad al ver a Jaime huir.
—No se preocupe, no podrá hacerlo.
Con una mirada confiada, Saulo sacó una brillante red de plata. No se podía saber de qué estaba hecha.
—¡Red Celestial!
De repente, Saulo lanzó al aire la brillante red que tenía en la mano. Al segundo siguiente, su tamaño se expandió con rapidez y parecía que iba a envolver a Jaime en ella.
Sacudido por el inminente ataque, Jaime desenfundó la Espada Matadragones mientras se encendía en llamas.
—¡Ya está aquí! —gritó Calixto emocionado.
Con un brillo en los ojos, una espada mágica apareció en la mano de Saulo mientras él y Calixto se preparaban para la batalla.
Mientras tanto, Jaime, que estaba atrapado, podía sentir la esencia dragoniana dentro de él vibrar como si resonara con algo.
Pronto, la enorme joroba del suelo comenzó a reducir la distancia entre ellos. Calixto lanzó su brújula geomántica al aire, donde iluminó la joroba con rayos dorados de luz.
—¡Señor Noguera, hágalo! —gritó Calixto con ansiedad.
Saulo asintió antes de saltar en el aire y clavar su espada en la enorme joroba.
Al momento siguiente, la sangre brotó del lugar donde la clavó.
Saulo estaba encantado con el resultado. Justo cuando quiso volver a apuñalar la joroba, una fuerza descomunal lo golpeó y lo lanzó decenas de metros hacia atrás.

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