—Ya estuvo buena la charla. Matémoslo. —Saulo no quería arriesgarse, así que apretó su arma y fue contra Jaime una vez más.
A diferencia de lo que hizo la última vez, Jaime movió su cuerpo y evadió la espada de Saulo.
Sin embargo, justo después de que Jaime esquivara el ataque, Calixto le asaltó con una aterradora energía marcial.
Habiendo calculado la evasión de Jaime, Calixto pretendía desatar su furia sobre su enemigo antes de que el hombre pudiera encontrar su equilibrio.
Como era de esperar, Calixto asestó otro golpe y envió a Jaime volando a varios metros de distancia una vez más.
La cara de Jaime se volteó al instante porque sabía que estaba en una situación difícil.
En lugar de intentar ajustar su respiración de nuevo, Jaime creó una copia de sí mismo con un movimiento de muñeca.
Repitió el movimiento hasta que hubo cuatro copias de sí mismo.
Los duplicados no solo eran idénticos a Jaime, sino que también tenían la misma aura que él. Por lo tanto, era imposible que Saulo o Calixto supieran cuál era el verdadero Jaime.
Calixto se quedó estupefacto mirando a los cinco Jaime, mientras que Saulo parecía imperturbable.
—Así que lograste dominar los Nueve Clones de Sombras de Ignacio, ¿eh? Ese truco puede funcionar con otros, pero no conmigo.
—¿Ah sí? Averigüémoslo.
Jaime entonces corrió hacia Saulo con la primera técnica de Nueve Sombras y desató cinco energías de espada tan poderosas que cambiaron el color del cielo.
Saulo se limitó a sonreír mientras preparaba la espada mágica que tenía en la mano, pues era consciente de que solo tenía que enfrentarse a una de las energías de espada porque las otras eran solo ilusiones.
Todo lo que tenía que hacer, era encontrar la más poderosa y bloquearla.
Calixto también se preparó utilizando el poder de su brújula geomántica para hacer que sus puños se potenciarán como la espada de Saulo.
Los dos lanzaron varias bolas de energía hacia Jaime, que apretó los dientes mientras blandía su arma y enviaba otros cinco golpes de energía de espada para defenderse.
En el instante en que las energías chocaron, sonó una cruel explosión que hizo que nubes de polvo cubrieran el cielo y bloquearan el sol, como si una bomba hubiera impactado en el lugar.
Jaime vomitó una bocanada de sangre antes de desplomarse en el suelo. Se debilitó tanto que incluso sus ilusiones se desvanecieron.
Aunque los clones de sombra de Jaime eran amenazas reales, tenían que depender de su energía espiritual porque provenían de su campo de elixir.
Después de haber sido herido, ya no le era posible sostener los clones.
Era evidente que Jaime, que tenía el pecho hundido, se había roto las costillas. En ese momento, la energía espiritual de su campo de elixir era casi nula.

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