En ese momento, Jaime se limitó a mirar a Calixto con total tranquilidad en sus ojos. Con la absoluta confianza de que el Poder de los Dragones le había otorgado, Jaime miró a Calixto como si su enemigo no fuera más que un niño enfadado.
Cuando Calixto estuvo por fin dentro del rango de ataque, Jaime blandió rápido la ardiente Espada Matadragones que tenía en la mano para golpear la brújula geomántica que había sobre la cabeza del hombre.
Jaime sabía que Calixto dejaría de ser una amenaza en cuanto su enemigo perdiera el objeto mágico.
Con un solo golpe, Jaime cortó la brújula geomántica por la mitad y privó de inmediato a Calixto de su poder espiritual.
Calixto gritó entonces antes de caer al suelo. La intensidad de su aura disminuyó poco a poco mientras su cuerpo volvía a su esbelta forma.
—Mi objeto mágico... —murmuró Calixto, desconsolado por la destrucción de su brújula geomántica.
Enfurecido por lo que había hecho Jaime, Calixto se giró para mirar con puñales al hombre.
—¡Te voy a matar, aunque sea lo último que haga!
Tras hacer acopio de toda la energía marcial que llevaba dentro, Calixto se dispuso a lanzarse contra Jaime para librar un último combate.
El poder surgió en cada fibra del cuerpo de Calixto.
—¡No lo hagas! —advirtió Saulo cuando se dio cuenta de lo que Calixto iba a hacer.
Sabía que Calixto no era rival para Jaime sin la brújula geomántica. El hecho de que Jaime lograra activar el Poder de los Dragones le hizo estar aún más seguro de que Calixto estaría tirando su vida por la borda para nada.
Sin embargo, Calixto estaba tan cegado por la rabia que ya no atendía razones.
Ante un enemigo frenético, Jaime se limitó a preparar su puño.
Aunque el movimiento parecía básico, estaba cargado de un enorme poder.
Calixto se arrepintió de su imprudencia en el momento en que su puño se encontró con el de Jaime, pues pudo sentir cómo la increíble energía marcial del hombre viajaba desde el punto de contacto hasta sus entrañas como un rayo.
Aunque su rostro ya se había puesto pálido, Saulo se negó a retroceder.
—¿Te crees todo eso solo porque tienes el Poder de los Dragones? Te voy a demostrar lo equivocado que estás. Te lo arrancaré del cuerpo si es necesario —gritó Saulo con los dientes apretados antes de sacar su Necroanillo.
El aura que emanaba del hombre se intensificó cuando se armó con el arma.
—¿Creías que este Necroanillo era solo una herramienta para escapar?
Con una sonrisa, Saulo le lanzó entonces el anillo a Jaime antes de lanzar varias ráfagas de aura contra el hombre.
En respuesta, Jaime utilizó rápido la Espada Matadragones para crear un escudo de protección.
Los ataques se disiparon tras golpear el escudo y fueron bloqueados con éxito.
Decepcionado, Saulo procedió a mover el Necroanillo por encima de Jaime y hacer que proyectara un rayo de energía hacia su enemigo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)