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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1077

Teodoro no era rival para Sion, ya que la distancia entre ellos era demasiado grande.

—¿Son todos los de la Alianza de Guerreros tan despreciables? —Heliodoro resopló.

La mirada de Sion se posó en él.

—Heliodoro, esto no tiene nada que ver contigo. Será mejor que te vayas ahora. Si me ofendes, puedo quitarte la vida, aunque haya diez Grandes Maestros de las Artes Marciales de Alto Nivel protegiéndote. Por no mencionar que ahora solo tienes dos contigo —advirtió.

—Tú... —La furia ardió en los ojos de Heliodoro.

—¡Señor Delgado!

Justo en ese momento, los dos Grandes Maestros de las Artes Marciales de Alto Nivel de la Familia Delgado le impidieron dar un paso adelante.

Sabían que no eran rival para Sion. Además, ¡había cuatro ancianos de la Alianza de Guerreros que estaban del lado de Sion!

—Gracias, Heliodoro. Ya puedes irte. No quiero que te hagan daño por mi culpa —le dijo Jaime.

Sabía que no era lo suficientemente fuerte como para acabar con la Alianza de Guerreros por el momento.

Al escuchar eso, Heliodoro se dejó arrastrar por sus subordinados.

—¡Tú también deberías irte! —Jaime se volteó para mirar a Leviatán, Samuel y el resto.

—Señor Casas...

Tanto Leviatán como Samuel se negaron a marcharse, pues estaban del lado de Jaime.

—Jaime, vamos a luchar contra ellos. No creo que tengan la audacia suficiente como para matarnos bajo la mirada de todos —dijo Colín con valentía.

Justo después de decir eso, Sion hizo un gesto despectivo que lo mandó a volar.

—¡Col! —Leviatán se apresuró a ayudar a su hijo a levantarse.

Apretando la mandíbula, Jaime declaró:

—Tu objetivo soy yo. Ven por mí ahora mismo si te atreves.

Apretando los dientes, hizo todo lo posible para resistirlo y liberarse de los candados.

Sin embargo, los cuatro ancianos encargados de hacer cumplir la ley eran todos Grandes Maestros de las Artes Marciales de alto nivel. Solo escuchaban las órdenes del presidente. Ni siquiera Humberto tenía autoridad para darles órdenes.

Mientras Jaime luchaba con fuerza, los cuatro ancianos encargados de hacer cumplir la ley compartieron una mirada y emitieron juntos una luz cegadora.

Los rayos de luz viajaron como la electricidad y se dirigieron al cuerpo de Jaime.

El cuerpo de Jaime se agitó sin control alguno mientras la sangre salía de su cuerpo.

Al final, Jaime no pudo aguantar más. Se desplomó en el suelo sin fuerza.

—¡Ja! Te sobreestimaste —comentó Sion con un frío resoplido.

Justo cuando los cuatro ancianos estaban a punto de llevarse a Jaime con ellos, se sorprendieron al ver que Jaime se ponía de pie poco a poco.

¡Había una marca roja en la frente de Jaime que ardía como el fuego!

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