Al escuchar que habían ido a petición de alguien, Jaime se quedó pensativo.
«¿Quién les dijo que vinieran?».
—General Jiménez, ¿quiénes son? —preguntó a Teodoro.
—Señor Casas, son El Cuarteto Vil. El que habló con usted es Orlando Díaz, y el hombre de cabello largo que está a su lado es Edgardo Díaz. El regordete es Bosco Díaz, y el más delgado de ellos es Canelo Díaz —le presentó Teodoro a Jaime con voz suave.
—El Cuarteto Vil... ¿Cuarteto Vil?
Las cejas de Jaime se juntaron, pues había escuchado hablar de ellos en alguna parte. De repente, se dio cuenta de que fue Ramón quien mencionó sus nombres antes.
El Cuarteto Vil eran los que encontraron a Magnolia y luego se la entregaron a Ramón para que siguiera cuidando de ella.
«Parece que Ramón fue quien los envió ahí. Aunque no entiendo cómo llegó a conocerlos».
—Orlando, ¿cómo pudiste interferir en los asuntos de la Alianza de Guerreros de Ciudad de Jade? ¿No es esto demasiado? —exigió fríamente Sion tras unirse a ellos.
—¿Demasiado? Vete a la m*erda, ¿no? ¿No es demasiado para ti intimidar a un joven? Deja de decir tonterías. Vinimos aquí con la intención de llevárnoslo. Si estás en contra, podemos luchar —replicó Orlando Díaz.
Sus palabras fueron tan groseras que las mejillas de Sion se enrojecieron de vergüenza.
De repente, Jaime sintió ganas de reír a carcajadas.
«¡No tenía ni idea de que El Cuarteto Vil fuera tan directo a su edad!».
Sin embargo, le gustaba su actitud.
«No es de extrañar que se les conozca como El Cuarteto Vil».
—¡Oye! —Sion resopló con furia. Señalando a Orlando, exigió—: ¿Quiere la Aldea de Villanos ir contra todo el mundo de las artes marciales?
Orlando escupió y respondió con frialdad:

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