Tan pronto Teodoro se percató de las graves heridas de Jaime, se apresuró en su ayuda; una vez que sus miradas se entrelazaron, Jaime dejó escapar un suspiro de alivio, al tiempo que escupía un abundante chorro de sangre. Por ello, ante la desconcertante escena que se suscitaba frente a sus ojos, Teodoro exclamó en un chirrido lleno de preocupación:
—¡Señor Casas! No se preocupe; permítame ayudarle.
Ante su cálida reacción, Jaime se apresuró a decir en tono gentil para intentar tranquilizarlo un poco:
—Me encuentro bien, General Jiménez.
Tan pronto los hombres se pusieron de pie, el Señor Salazar prosiguió a aseverar, sin mostrar ninguna emoción:
—El joven está bien.
Al advertir su delicada situación, Saulo se apresuró a explicar en un chirrido lastimero:
—Señor Salazar, este joven se atrevió no solo a irrumpir en mi banquete, sino que le arrebató la vida a un miembro de la Familia Noguera, así que tan solo intentaba hacerlo pagar por sus actos, pues no permitiré ningún tipo de ofensa en mi hogar. —Al terminar de emitir esas palabras, decidió aguardar, en espera de una repuesta; aunque suponía que su pequeña intervención sería razón suficiente para convencer al Señor Salazar, no pudo evitar sorprenderse al escucharlo responder:
—Jaime tendrá que asumir las consecuencias de sus actos en otro lugar.
Ante la contundente respuesta, Saulo comenzó a sentir enormes gotas de sudor sobre la frente, al tiempo que meditaba, consternado:
«Ahora que Jaime se encuentra muy débil, es mi única oportunidad de eliminarlo de una vez por todas, así que debo encontrar una manera para detenerlos».
Ante esa idea, se apresuró a añadir:
—Señor Salazar…
Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más al respecto, un fuerte sonido resonó en todo el lugar.
—Nos llevarás con El Cuarteto Vil ahora mismo.
De inmediato, Saulo se limitó a hacer un pequeño gesto con la cabeza, al tiempo que el pequeño grupo de hombres comenzaba a caminar hacia su destino.
…
Al llegar al calabozo de la Familia Noguera, se percataron de que era un lugar muy oscuro; tras avanzar un poco hacia las jaulas donde se encontraban los miembros de El Cuarteto Vil, Jaime comenzó a sentir el corazón acelerársele al advertir los enormes ganchos que mantenían sus cuerpos sobre el suelo. Tan solo un momento después, Lázaro vislumbró el cuerpo inerte de Heliodoro, cuya apariencia había cambiado de manera considerable en todo ese tiempo; por ello, al percatarse del deplorable estado de su hijo, Lázaro comenzó a sentir el corazón acelerársele, antes de rugir, furioso:
—¡No puedo creer que te atrevieras a mentirme, Saulo Noguera!
En efecto, el motivo de su reacción consistía en que Saulo le había prometido que, si bien mantendría cautivo a su hijo, no sufriría ningún tipo de maltrato; por ello, al comprobar que todo era mentira, no tardó en prepararse para el ataque. No obstante, antes de que pudiera reaccionar, el Señor Salazar alzó una mano, al tiempo que una inmensa onda energética impactó en el hombre hasta hacerlo caer al suelo con fuerza; tras una breve pausa, el Señor Salazar expresó, con voz severa:
—¡Si alguien más se atreve a mover un solo músculo, desataré mi furia contra ustedes!

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