—Jaime... Jaime…
Lizbeth y las otras dos chicas gritaron al estar demasiado emocionadas y sorprendidas al verlo. No podían creer lo que veían cuando vieron que era Jaime.
Lizbeth temblaba y tenía la voz ronca.
Cuando los dos miembros de la familia Noguera escucharon que el hombre era nada menos que Jaime, ¡sus rostros se tornaron pálidos!
—Tú... ¿Tú eres Jaime? ¿No estás ya muerto? —preguntó uno de los Noguera con voz temblorosa.
—¡Estaba muerto, pero he vuelto a la vida!
Había una sonrisa juguetona en el rostro de Jaime mientras se acercaba a ellos poco a poco.
—¡No se acerquen más o les haré daño!
Los dos Noguera sometieron rápidamente a Lizbeth y a las otras chicas con la intención de utilizarlas como rehenes. Sin embargo, Jaime no se detuvo. En su lugar, continuó avanzando.
—Dejen que se vayan las tres y los dejaré vivir. Si se atreven a dañarlas, aunque sea un mechón de pelo, ¡haré que deseen estar muertos!
La voz de Jaime era tranquila y controlada, ¡pero cada palabra infundía miedo en los corazones de los dos hombres Noguera!
—Quédate ahí. No te acerques más... —Uno de los Noguera entró en pánico y tembló.
Aunque era un Gran Maestro de las Artes Marciales, ¡se sentía aterrorizado!
—¿Haces oídos sordos a mis instrucciones? Te pedí que las dejaras ir…
La expresión de Jaime se volvió oscura, y en un instante, ¡parecía un asesino a punto de atacar!
Una ráfaga de viento pasó junto a Jaime, trayendo consigo el aura de su intención de matar que exudaba hacia los dos hombres de Noguera. Los dos hombres temblaron, sintiéndose como si hubieran caído en agua helada.
—Déjenlas ir... —De repente, Jaime soltó un rugido atronador.
Conmocionados, los dos hombres soltaron a las chicas y cayeron arrodillados en el suelo con un golpe seco.

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