No creía que Jaime fuera capaz de romper el escudo después de haber sido atormentado hasta el borde de la muerte y haber perdido su energía.
Cuando Jaime vio que Enzo no tenía intención de esquivar el ataque, se burló para sí mismo.
¡Boom!
En el momento en que el puño de Jaime aterrizó en el escudo, éste se hizo añicos al instante y desapareció en el aire sin apenas resistencia.
Sorprendido, Enzo quiso esquivar, pero se dio cuenta de que ya era demasiado tarde. El puño de Jaime se estrelló en la cara de Enzo al segundo siguiente.
Enzo, escupiendo sangre y con los dientes volando, salió despedido por el impacto.
Se puso de nuevo en pie y miró a Jaime con desconcierto.
«No lo entiendo. ¿Cómo ha podido desatar un poder tan descomunal cuando hace unos segundos estaba claramente moribundo?».
En ese momento, la mitad de la cara de Enzo se había hundido, dándole un aspecto espantoso.
—Continúa ahora. Continúa cantando el hechizo. Te reto a que lo hagas.
Jaime miró directo a Enzo, con un tono burlón. Ahora que tenía la mitad de la cara desfigurada y había perdido los dientes, Enzo ya no podía hablar bien, y mucho menos conjurar un hechizo.
Dando un paso adelante, Jaime golpeó a Enzo con otro golpe de palma. Éste trató de esquivar en un movimiento desesperado.
¡Boom!
El impacto hizo que Enzo saliera volando como una hoja caída. Y entonces, Jaime saltó en el aire delante de Enzo y pisó con fuerza el cuerpo de éste.
El impacto correspondiente hundió a Enzo profundamente en el suelo, quebrando su cuerpo.
—¡Ah!
Enzo rugió con furia, ya que eso fue todo lo que pudo conseguir. Después de todo, había perdido la capacidad de hablar.
Cuando Jaime levantó la pierna, la espantosa figura de Enzo se levantó del suelo.

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