Las palabras de Jaime hicieron que Sion palideciera de ira.
—Deja de fingir, Jaime. Aunque no haya conseguido cobrarte la vida de un solo golpe, no creo que puedas resistir otro.
Mientras Sion hablaba, levantó su arma, dispuesto a asestar un golpe devastador.
De repente, Jaime miró sorprendido detrás de su oponente.
—¿Cuándo ha vuelto, señor Salazar?
Sion se congeló y giró por instinto.
Jaime aprovechó la oportunidad, de inmediato sacó el Necroanillo y lo lanzó al aire. Al instante apareció un agujero negro.
—Espérame, Sion, y tu Alianza de Guerreros. Volveré tarde o temprano.
Con eso, Jaime desapareció en el agujero negro.
Sion estaba lívido al descubrir que había sido engañado.
—¡Maldito pedazo de mi*rda sinvergüenza! ¿Cómo se atreve a engañarme?
—¡Persíganlo y cácenlo! —rugió Sion—. El dispositivo de teletransportación no lo llevará muy lejos. Infórmenme de inmediato sobre cualquier noticia de Jaime.
Los miembros de la Alianza de Guerreros se dispersaron con prisa para comenzar su búsqueda.
Sion dirigió entonces su mirada hacia Rigoberto, que se había quedado tan quieto como una estatua y no se movía a pesar de recibir sus órdenes. Parecía que no iba a buscar a Jaime.
—No olvide que los Duval son miembros de la Alianza de Guerreros, señor Rigoberto. Su hijo, Edgar, fue herido por Jaime, ¿no es así? ¿No quiere matar a Jaime?

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