Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1368

—¿Nueve Sombras? Es Nueve Sombras, ¿no? —gritó Jaime al ver lo que ocurría.

Sin embargo, las Nueve Sombras que realizaba este espadachín eran muy diferentes a las que Jaime aprendió de Ignacio.

«Las Nueve Sombras de este espadachín son con claridad mucho más poderosas».

Con esto en mente, Jaime quiso saltar de la roca gigante y tener una charla con el espadachín. Antes de que pudiera hacerlo, la escena que tenía delante se rompió al instante como un trozo de cristal.

Jaime tosió una bocanada de sangre al ser arrancado de ese mundo.

—Jaime, ¿estás bien? —preguntó Forero con la cara pálida.

Al notar el amuleto que tenía pegado en la frente, Jaime preguntó con el ceño fruncido:

—¿Qué acaba de pasar?

Parecía que estaba soñando, pero también se sentía tan real...

—Te afectó el hechizo de ilusión debido a tu débil energía mental. Si no te hubiera sacado a tiempo, de seguro estarías atrapado allí para siempre. No vayas por ahí tocando o mirando cosas, ¿entendido? Este lugar es demasiado peligroso —contestó Forero.

Como Jaime había sido sacado de aquel mundo antes de que pudiera tener una visión clara de lo sucedido, no pudo evitar la tentación de volver a entrar.

«Demonios, ¡sólo pensar en las Nueve Sombras de ese espadachín es suficiente para que mi sangre bombee de emoción! ¡Las Nueve Sombras que he aprendido son una completa basura comparadas con eso!».

—No, tengo que volver a entrar ahí... —Jaime murmuró mientras se arrancaba el amuleto de la frente y miraba directo a la tabla de piedra. Quería volver a ese mundo y ver al espadachín completar su ejecución de Nueve Sombras.

Pensando que la mente de Jaime había sido controlada, Forero rugió:

—Deberíamos al menos echar un vistazo al interior ahora que estamos aquí —respondió Jaime con una leve sonrisa.

«¡Hemos llegado demasiado lejos para retroceder ahora!».

Forero asintió y siguió guiando a Jaime hacia el interior del altar donde se encontraba la tumba propiamente dicha.

La antigua tumba era de color gris y el aire del interior era bastante húmedo.

—¡Madre mía! —exclamó Jaime conmocionado al entrar en la tumba.

«¡No puedo imaginar el nivel de cultivo de la persona que construyó esta tumba! El techo de la tumba era negro como la boca del lobo y estaba cubierto de incontables perlas luminosas, lo que hacía que pareciera un cielo nocturno estrellado».

Forero tenía una mirada severa mientras examinaba cada uno de los rincones de la tumba y ejercía una extrema precaución a cada paso que daba.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)