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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1379

Cecilia se puso pálida cuando vio a Tobías de pie ante ella.

Todos los demás también palidecieron de horror.

Moly se escondió detrás de Cecilia con miedo.

—¿Dónde está Jaime Casas? Quiero verlo ahora y a la persona que me emboscó. Diles que salgan. ¡Ahora! —rugió enfadado Tobías.

—Jaime no está aquí —respondió Cecilia con voz temblorosa.

—¡Tonterías! Envié a mis hombres a vigilar el Palacio Carmesí. Jaime nunca se fue —Tobías la fulminó con la mirada—. ¡Será mejor que le pidas que salga ahora, o derribaré el Palacio Carmesí! —declaró con arrogancia.

Mientras sus palabras caían, desató un aura horripilante que envolvió a todos en el Palacio Carmesí. La presión de un marqués de las artes marciales era demasiado horrenda. Al instante, unos cuantos discípulos débiles del Palacio Carmesí escupieron sangre y se desplomaron en el suelo.

Cecilia liberó su aura para enfrentarse a la fuerte aura de Tobías, pero no era rival para éste, aunque había hecho todo lo posible.

En un abrir y cerrar de ojos, su resistencia se hizo añicos.

—Permíteme repetirlo. Dile a Jaime que salga —ordenó Tobías con frialdad.

Cecilia insistió:

—Jaime no está en el Palacio Carmesí. Estoy diciendo la verdad. Puedes registrar el lugar si no confías en mí.

No había forma de que Cecilia convocara a Jaime, pues ni siquiera sabía dónde estaba.

—¡Ja! Tratando de engañarme, ¿eh? —resopló Tobías.

Entonces surgió ante Cecilia en un instante y le agarró la garganta.

Cecilia no podía respirar, y sus mejillas se pusieron de color rojo carmesí.

—¡Deja ir a Cecilia! —Al ver eso, Moly se precipitó hacia adelante y abofeteó a Tobías, con fuerza.

Un brillo frío apareció en los ojos de Tobías mientras mandaba a Moly a volar con un simple movimiento, lo que provocó que ésta vomitara sangre y se estrellara contra el suelo.

En su momento de mayor abatimiento, una mano le acarició con suavidad el hombro.

A pesar de la conmoción, Cecilia sintió una sensación familiar. Levantó la cabeza y vio a Jaime que le dirigía una mirada reconfortante.

—¡Jaime! —Cecilia se lanzó a los brazos de Jaime.

Por fin había llegado la ayuda.

Jaime le acarició el sedoso cabello de forma reconfortante para calmarla.

—Jaime, por fin tienes las agallas de mostrarte, ¿eh? —rugió furioso Tobías.

—Deja que Moly se vaya. Si no, haré de tu vida un infierno —le dijo Jaime, con la voz fría como el hielo.

Al oír eso, Tobías se echó a reír.

—¡Ja! ¡Mira qué arrogante eres! ¡Si no hubieras conseguido la ayuda de alguien que me emboscó, te habría quitado la vida y ya estarías muerto! ¡Deja de presumir!

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