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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1390

En la entrada de la Alianza de Guerreros en Ciudad de Jade, Jaime estaba con calma parado. Planeaba irrumpir en la Alianza de Guerreros y salvar a Josefina.

Sion ya había perdido un brazo, así que no había necesidad de que Jaime le temiera más. Entonces, Jaime apretó la Espada Matadragones mientras preparaba su Cuerpo de Golem. En ese momento, era como si fuera un dios de la guerra, pues cualquiera que lo mirara podría percibir su intención homicida. Sin embargo, justo cuando Jaime estaba a punto de entrar en la Alianza de Guerreros, alguien le tocó el hombro.

Al instante, Jaime golpeó con la palma de la mano en dirección a la otra persona. Sin embargo, en cuanto se dio cuenta de quién era, se detuvo en seco.

La fuerza de su ataque hizo que el viento soplara. Aunque se detuvo a tiempo, la otra persona sintió que le escocía la piel.

—¡Jaime, sí que has mejorado! —comentó Javier mientras se frotaba la cara.

—Capitán Llano, ¿qué hace usted aquí? —preguntó Jaime, confundido.

—Vengo a buscarte, por supuesto. El señor Salazar ha esperado que vuelvas a irrumpir en la Alianza de Guerreros, así que me ha pedido que venga a buscarte —respondió Javier.

—¿Cómo se ha enterado el señor Salazar de que he vuelto a Ciudad de Jade?

Jaime frunció las cejas, pero pronto dijo con determinación:

—No voy a volver. Tengo que rescatar a mi novia.

Ante la mirada decidida de Jaime, Javier murmuró con impotencia:

—El señor Salazar sabía que ibas a ser terco, así que me ha dicho que te diga que estás condenado a una muerte segura si esta vez irrumpes en la Alianza de Guerreros. No supongas que eres invencible porque eres aparentemente inmortal. Mucha gente conoce ese pequeño secreto tuyo.

Jaime se congeló y abrió los ojos ante Javier. Esa mirada hizo que a Javier se le erizaran los pelos de la nuca.

—No me mires así. Es lo que el señor Salazar me pidió que te dijera. No sé qué secretos puedes tener —se apresuró a decir Javier mientras agitaba las manos.

Jaime se quedó en silencio. Estaba aturdido hasta la médula, y empezaba a preguntarse por la identidad del señor Salazar.

«¿Será que el señor Salazar también es un poderoso cultivador de energía? Pero yo soy un cultivador de energía que ha alcanzado el Alma Naciente. ¿Podría mi nivel actual no significar nada para el señor Salazar?».

Jaime no podía entender la respuesta a su pregunta, y mucho menos por qué el señor Salazar estaba haciendo algo así.

Un rato después, Jaime por fin asintió y se fue con Javier.

—Jaime, por favor, toma asiento. El señor Salazar vendrá en un momento —dijo Javier mientras servía una taza de té a Jaime.

—Gracias, capitán Llano —dijo Jaime a Javier mientras tomaba la taza de té de éste.

A continuación, Javier lanzó una larga mirada a Jaime antes de salir de la habitación y cerrar la puerta tras de sí. Sin embargo, justo cuando Javier cerró la puerta, la casa se estremeció. En el momento siguiente, Jaime escuchó ruidos estruendosos.

Las cejas de Jaime se juntaron antes de que su expresión cambiara. Se levantó de un salto y corrió hacia el exterior de la habitación. Sin embargo, justo cuando llegó a la puerta, se encontró con una puerta de hierro que cerraba la habitación.

Entonces, una tenue luz blanca brilló alrededor de la habitación y encerró a Jaime en su interior como si se tratara de pantallas brillantes.

En ese momento, Jaime lanzó una palma a las pantallas.

¡Bum!

Tras el sonido explosivo, Jaime fue impulsado lejos del borde de la habitación.

Sólo entonces se dio cuenta Jaime de que toda la habitación estaba cubierta de restricciones. No había forma de que pudiera escapar.

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