—¿Por qué no? ¿Por qué debería tenerte miedo? Iré allí y te esperaré. Vas a morir. —Jaime rio con frialdad y saltó hacia afuera.
Por otro lado, Sion estaba enfurecido. Su tez se volvió pálida por la rabia mientras jadeaba con fuerza.
—¡Diego, debes desollar vivo a Jaime!
—Confía en mí, Sion. No va a vivir. —Los ojos de Diego se iluminaron. Para él, Jaime era como una fuente andante de recursos de primera calidad.
Diego saltó en el aire y se dirigió hacia las afueras. Al ver eso, Sion lo siguió a toda velocidad.
Mientras tanto, el señor Salazar estaba tomando una taza de té en el Departamento de Justicia. Teodoro se paró con respeto a su lado e informó en voz baja:
—Señor Salazar, el señor Casas ha ido a la entrada de la Alianza de Guerreros esta mañana y ha montado una escena. Creo que va a pelear con Sion.
El señor Salazar esbozó una leve sonrisa al oír eso.
—Ese tipo tiene muchas ganas de luchar. Esperemos que no muera.
Teodoro se quedó perplejo.
«El señor Salazar siempre ha sido muy protector con Jaime. ¿Por qué parece que el señor Salazar no va a ayudar a Jaime esta vez? Sin embargo, debería mantener la boca cerrada. Soy el General del Departamento de Justicia que sólo se encarga de hacer recados y mantener el orden público. Estos asuntos están fuera de mi alcance».
En ese momento, Javier entró y asintió al ver al señor Salazar.
—Señor Salazar, las cosas son como usted esperaba. Esta vez, Sion no había informado a nadie. Parece que está tratando de matar a Jaime en silencio. Sin embargo, ya he informado…
En respuesta, el señor Salazar dejó su taza a un lado y se levantó poco a poco.
—Bien. ven conmigo. Iremos a echar un vistazo. No dejemos que Jaime muera.
—Señor Salazar, si va usted en persona, ¿los demás sospecharán? Usted ha dicho que no va a ayudar a Jaime —recordó Javier.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón