—¿Por qué debería entregártelo?
Jaime miró a Edgar con frialdad.
—La familia Duval es la que organiza la prueba esta vez. Por lo tanto, debes entregarnos todos los recursos obtenidos durante este tiempo. Después, lo distribuiremos como corresponde a cada uno. Esa es la regla.
—¿No tienes p*ta vergüenza, Edgar? ¿Desde cuándo la familia Duval estableció una regla tan ridícula? Ni siquiera mencionaste nada al respecto antes de que comenzara la prueba —Heliodoro reprendió a Edgar al escuchar sus palabras.
Los labios de Edgar se torcieron mientras decía con arrogancia:
—Esta es la nueva regla que he establecido. Como la familia Duval es la organizadora de la prueba esta vez, tenemos derecho a hacerlo. Soy la persona a cargo de la prueba, ¡así que tengo la autoridad para establecer una nueva regla en cualquier momento!
A muchos les disgustaron las palabras de Edgar, pero a este no le importó porque muchos de los cultivadores aquí presentes acabarían siendo recursos para su cultivo. Era cuestión de tiempo que los aniquilara con ese fin.
Jaime entrecerró los ojos.
—¿Y si me niego a entregártelo?
—Va en contra de las reglas si te niegas a entregármelo. Y si infringes las normas, no tendré más remedio que quitártelo.
Edgar comenzó a liberar su aura.
—¡Acércate a mí si eres tan capaz! —dijo Jaime con desdén en los ojos. Sacó el núcleo de bestia y desafió a Edgar agitándolo delante de él.
—Llevo mucho tiempo disgustado por haber perdido contra ti la última vez, Jaime. Hoy debo vengarme.
Edgar dejó de guardar el secreto y reveló enseguida su propósito.

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