Jaime se culpaba de ser demasiado débil para salvar a Josefina, pero a Astrid no le importaban sus habilidades de lucha.
«¡Si alguien me quisiera tanto como él! Está claro que Jaime quiere mucho a su novia para comportarse así».
A Sion y a los demás les hacía tanta gracia el comportamiento de Jaime que ya no querían matarlo tan pronto.
En medio de los murmullos de Jaime, la niebla negra que había sido parte de la forma humanoide se metió de repente en el cuerpo de Jaime. Jaime se estremeció y su mirada se quedó en blanco al instante.
Unas manchas de luz dorada brillaron en la frente de Jaime justo antes de que se desplomara en el suelo.
El brusco cambio sorprendió a todos. Incluso Edgar no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
Mientras tanto, una voz anciana y familiar cacareó en la mente de Jaime y dijo
—¡Jajaja! Este es mi huésped ideal. Este cuerpo fuerte, este poder. Esto es lo que en verdad busco.
Resultó que el espíritu del cuerpo de Edgar se había trasplantado al cuerpo de Jaime.
Jaime superaba a Edgar tanto en físico como en habilidad. El espíritu había puesto sus ojos en el cuerpo de Jaime desde el principio.
Por eso animó a Edgar a jugar con Jaime mientras identificaba la oportunidad perfecta para entrar en el cuerpo de su nuevo huésped. Un momento después, Jaime se puso lentamente en pie. La lucidez había vuelto a su mirada, aunque llevaba un enorme ceño fruncido.
—Jaime... —Heliodoro gritó ansioso al notar la aparente recuperación de Jaime.
Sin embargo, un Jaime todavía ceñudo le ignoró y cerró los ojos. Escuchaba la voz en su cabeza, que le proponía:
—Jaime, mientras sigas mis órdenes, podemos ayudarnos mutuamente. Puedo matar a toda esta gente por ti ahora mismo.
—¿Quién eres tú? —Jaime utilizó su sentido espiritual para comunicarse con la voz extraña en su cabeza.
Se ganó una amenaza como respuesta.
—Eso no es importante. Lo único que tienes que hacer es escuchar mis instrucciones. Ya estarías muerto si no fuera por mí. Ahora estoy en tu cuerpo, y si te niegas a seguir mis instrucciones, me apoderaré de tu conciencia y te quitaré la vida delante de todos.

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