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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1466

—Está bien mientras Jaime esté muerto. Ahora deberíamos dar prioridad a calmar la ira de las otras familias de artes marciales.

Con eso, Rigoberto se encaminó hacia la salida. Sin embargo, después de avanzar dos pasos, se detuvo y se volvió para decir:

—Edgar, será mejor que evites salir por el momento. Quédate en casa y concéntrate en cultivar. Sería bastante problemático que otros se enteraran de tu estado actual.

Sin decir nada más, Rigoberto salió de la residencia de los Duval y se apresuró a dirigirse al cuartel general de la Alianza de Guerreros.

En el vestíbulo del cuartel general de la Alianza de Guerreros, Sion estaba muy contento.

«No sólo matamos a Jaime durante la prueba, sino que también he traído muchos núcleos de bestia para la Alianza de Guerreros. Creo que los altos mandos ya no me castigarán. Tal vez incluso me recompensen con algunos objetos mágicos».

En medio de la euforia de Sion, entró Rigoberto.

—Señor Duval, por favor, tome asiento. —Sion fue cortés con Rigoberto.

La familia Duval fue la anfitriona de la prueba, así que merecían parte del crédito por la muerte de Jaime y la recuperación de todos esos núcleos de bestia. Por lo tanto, Sion pensó que debía tratar a Rigoberto con más cortesía.

—Presidente Zapata, durante la prueba de esta vez, Edgar se había comportado de forma impulsiva al cambiar las reglas, invocando el descontento de muchas familias de artes marciales. Las noticias negativas sobre mi familia se están extendiendo como un reguero de pólvora, por lo que deseo solicitar su ayuda para encontrar una forma de contener la propagación de este asunto. —Rigoberto fue al grano.

Sion frunció un poco el ceño tras escuchar aquello.

—Señor Duval, estas sectas, y familias no son parte de la Alianza de Guerreros, por lo que no tenemos control sobre ellos, pero podemos dejar que se unan a nosotros a partir de ahora. Mientras se conviertan en uno de los nuestros, tendrán que hacer caso a las palabras del presidente Zapata, ¿no? —sugirió Saulo mientras esbozaba una fina sonrisa.

Rigoberto esbozó una sonrisa irónica al oír aquello.

—Señor Noguera, si esas sectas y clanes quisieran unirse a la Alianza de Guerreros, lo habrían hecho hace tiempo. ¿Por qué iban a esperar hasta ahora para tomar la decisión? No nos corresponde a nosotros decidir su participación.

—El señor Duval tiene razón. La mayoría de las sectas y familias son reacias a formar parte de la Alianza de Guerreros porque se sienten restringidas. No hay forma de obligarlos a unirse a nosotros —comentó Sion.

—Esto se puede resolver con facilidad. El señor Edgar obtuvo una cantidad considerable de núcleos de bestia de la prueba. Podemos asignar una parte de los núcleos como recursos para distribuir entre aquellos que deseen unirse a la Alianza de Guerreros. Por no hablar, estos nuevos participantes también pueden disfrutar de otros recursos de la Alianza de Guerreros. Además de la prueba anual, podemos añadirles más ventajas. Creo que nadie podrá rechazar estas ventajas, ¿verdad? —dijo Saulo a los otros dos.

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