En la residencia de los Delgado, Lázaro parecía sombrío, pues sabía que era un momento de vida o muerte para su familia.
En el pasado, los Delgado y los Noguera eran fuerzas opuestas. Con Saulo asumiendo la vicepresidencia de la Alianza de Guerreros, acabaría con la familia Delgado.
Casi todas las sectas del mundo de las artes marciales de Ciudad de Jade ya formaban parte de la Alianza de Guerreros, por lo que sería un esfuerzo inútil que Lázaro desafiara a la alianza.
—Papá, creo que Saulo no nos hará nada abiertamente aunque sea el vicepresidente de la Alianza de Guerreros. Nuestra familia tiene una alta posición social en Ciudad de Jade. Si levanta un dedo contra nosotros, nos limitaremos a hablar con el señor Salazar. La Alianza de Guerreros no tiene aquí la última palabra en el mundo de las artes marciales —dijo Heliodoro al notar el malhumor de su padre.
—Bueno... —Lázaro respondió con un suspiro—. No exactamente. El señor Salazar habría actuado hace tiempo si hubiera querido. La alianza ha crecido tanto en influencia sólo porque el señor Salazar lo ha permitido…
—¿Por qué no hizo nada? —soltó Heliodoro, confuso.
—¿Cómo podría saberlo? No hay forma de que sepamos lo que las autoridades tienen en mente —respondió Lázaro, negando con la cabeza.
Heliodoro no supo qué más decir, y todos se sumieron en el silencio.
—Papá —gritó Heliodoro al cabo de un rato—. ¿Y si pedimos ayuda a la familia Gabaldón? Son los únicos que hasta ahora no se han unido a la Alianza de Guerreros en Ciudad de Jade. Podemos contar con ellos para desafiar a la alianza.
—Pero la familia Gabaldón tiene la política de no meterse en problemas. Además, no es que tengan motivos para ayudarnos. No tenemos ningún parentesco —discrepó Lázaro frunciendo el ceño.
—Déjame hablar con Astrid, papá. Ella me ayudó cuando estuve en Ciudad Dichosa. Creo que es una buena persona.
Heliodoro seguía agradecido a Astrid por haberle salvado la vida.
Al oírlo, Lázaro se quedó pensativo y asintió.
—Claro, lleva algunos regalos. Tenemos que devolverle su amabilidad y tantear el terreno para ver la opinión de la familia Gabaldón.

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