En la arena, Jaime estaba maltrecho.
Sus heridas empeoraban mientras los cuatro Túnicas de Cobre Negro seguían asaltándole con golpes de magia.
Sin embargo, el hecho de que se mantuviera en pie en tales condiciones desconcertó a los cuatro Túnicas de Cobre Negro.
—Mi*rda... —Jaime maldijo con frustración al dispositivo de teletransporte que flotaba en el aire.
—Resistirse es inútil, mocoso. Te sugiero que te rindas mientras puedas. De lo contrario, sólo sufrirás una muerte más agonizante... —ordenó con frialdad un Túnica de Cobre Negro.
—¡Qué cab*n! ¡Qué descaro parlotear cuando son cuatro contra uno! ¡Enséñame entonces lo que tienes! —rugió Jaime.
El impacto de una nueva oleada de magia de los Túnicas de Cobre Negro arrojó a Jaime a varios metros de distancia.
El cuerpo de Jaime estaba ensangrentado y destrozado, pero aun así consiguió enderezarse con mucha dificultad.
—Enemistarse con la Alianza de Guerreros sólo acabará en muerte…
Los cuatro Túnicas de Cobre Negro levantaron poco a poco las manos, y en sus palmas empezaron a materializarse rayos negros y dorados.
Los rayos convergieron formando una fuerza increíble que onduló hacia el exterior.
Jaime frunció las cejas con fuerza al saber que éste era su ataque definitivo.
La aterradora energía seguía aumentando de magnitud mientras se lanzaba contra Jaime con fuerza destructiva.
El espacio que rodeaba a Jaime empezó a distorsionarse como si fuera a destrozarlo.
Jaime apretó los dientes, y el Poder de los Dragones dentro de su cuerpo se expandió para formar un sólido escudo a su alrededor.
¡Zas!
El rayo negro y dorado chocó con fuerza contra el escudo que Jaime tenía delante. La energía resultante del impacto hizo que se formaran grietas por toda la arena de artes marciales.
El dispositivo de teletransporte en el aire comenzó a oscilar precariamente.
El escudo de Jaime se hizo añicos bajo la inmensa presión antes de que los rayos cayeran sobre su cuerpo físico.
—¡Ahhh! —Jaime soltó un rugido mientras sus venas sobresalían y su cuerpo físico llegaba al límite.

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