Jaime se quedó unos días en la Secta del Dios de la Medicina, para alegría de Isabel, que pudo pasar tiempo con él.
Sin embargo, Jaime no se sentía muy bien porque su madre y Josefina seguían cautivas.
Tengo que seguir fortaleciéndome para poder salvarlas.
—¿Sigues preocupado por Josefina? —preguntó Isabel mientras se sentaba junto a Jaime en lo alto de una enorme roca.
Jaime miró en dirección a Ciudad de Jade y asintió como respuesta.
—Soy tan inútil que ni siquiera puedo proteger a mi propia novia... —dijo con el autorreproche escrito en toda su cara.
—Esto no es culpa tuya. La Alianza de Guerreros es demasiado poderosa. Por favor, deja de culparte por esto. Todo el mundo ha estado entrenando muy duro estos días con la esperanza de poder ayudarte, aunque sólo sea un poco —consoló Isabel a Jaime.
Los Cuatro Villanos, Leviatán y sus hombres estaban entrenando muy duro. Combinando su entrenamiento con la ayuda de las píldoras de la Secta del Dios de la Medicina, pudieron aumentar sus niveles de cultivo con bastante rapidez.
Sabían que hacerse más fuertes era la única forma de ayudar a Jaime.
—¡Espérame, René! —La voz de Colín sonó de fondo.
Cuando Jaime e Isabel dirigieron sus miradas hacia él, lo vieron tonteando con René.
—Estos dos sí que se ven bien juntos.
Jaime esbozó una leve sonrisa al verlos.

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