El Gran Anciano se sorprendió, pues no esperaba que Jaime adoptara ese tono con él.
—¡Seguro que hablas mucho para ser tan joven! Parece que tendré que darte una lección…
El Gran Anciano hizo entonces un gesto a los guardias de palacio, incitando a dos de ellos a cargar hacia delante.
Los guardias de palacio gritaron mientras acuchillaban a Jaime con sus espadas.
«¡Ja! Estos dos tienen un nivel de cultivo tan bajo que no podrían herirme, aunque no usara el Cuerpo de Golem».
Jaime se había fortalecido físicamente hasta el punto de poder resistir los ataques de los Grandes Maestros de las Artes Marciales.
¡Clang! ¡Clang!
Sus espadas se partieron por la mitad en cuanto entraron en contacto con el cuerpo de Jaime, para sorpresa de los dos guardias de palacio.
Incluso el Gran Anciano frunció el ceño, sorprendido e incrédulo.
—Ustedes no pueden hacerme ningún daño…
Con mirada tranquila, Jaime les hizo un suave gesto con la mano y los mandó a volar con una ráfaga de energía marcial.
En ese preciso momento, Jaime era como un inmortal enfrentándose a un puñado de mortales.
—¡Hmph! No está mal. ¡Parece que tienes algunos movimientos, después de todo! Atáquenlo todos juntos —gritó el Gran Anciano.
En cuestión de segundos, docenas de guardias de palacio cargaron contra Jaime con las armas desenvainadas.
Jaime respondió desatando su aura, obligando a los guardias de palacio a arrodillarse con la mera presión de esta.
El Gran Anciano se quedó boquiabierto de incredulidad.
—¡Somos del palacio! El rey Durero no les perdonará que nos pongan un dedo encima —amenazó mientras temblaba.
—¡Ja! ¡Podría matar a ese rey tuyo de un solo golpe! ¿De verdad crees que le tendría miedo? —replicó Jaime con sorna mientras desataba todo el poder de su aura.

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