La estatua absorbió la energía espiritual de la bola de luz.
Al darse cuenta de ello, Jaime utilizó su cuerpo para cortar el flujo de energía espiritual entre la estatua y la bola de luz.
Una enorme ráfaga de energía golpeó a Jaime y penetró con rapidez en su cuerpo.
La oleada de energía fue incluso más violenta que la energía liberada cuando la gema se hizo añicos.
Pronto, el campo de elixir de Jaime y cada parte de su cuerpo se llenaron hasta los topes de energía espiritual, pero la energía de la bola de luz no dejaba de entrar a borbotones.
Sintió como si estuviera a punto de estallar. Su cuerpo aumentó de tamaño, e incluso empezaron a aparecer grietas en su piel.
—¡Ugh! —bramó Jaime.
Podía sentir innumerables explosiones en su cuerpo.
Mientras tanto, el aura de Tigris también había cambiado de golpe, y su nivel de cultivo estaba alcanzando la etapa de Manifestador.
Pronto, una enorme oleada de energía hizo que el cuerpo de Tigris se transformara al instante. Su terrorífica cabeza de tigre desapareció con lentitud, sustituida por el rostro de un joven.
Debido a esa fuerte ola de energía, la bola de luz se encogió, y Jaime por fin tuvo la oportunidad de descansar de toda la energía que se precipitaba sobre él.
—¡Jajaja! ¡He alcanzado un nuevo nivel de cultivo!
Tigris se tocó la cara y se inclinó ante la estatua.
—¡Maestro, juro seguirle toda mi vida y ayudarlo a reencarnar! —declaró y miró con avidez la bola de luz que colgaba en el aire.
Para Tigris, que acababa de alcanzar el nivel de Manifestador, aquella inmensa energía podía ayudarle a mejorar.
El rostro de Jaime se ensombreció bastante cuando percibió el cambio en el aura de Tigris.
Al notar la mirada hambrienta de Tigris, Jaime supo que no podía dejar que Tigris chupara toda la energía espiritual de aquella bola de luz.
De lo contrario, nadie en Isla Encanta, ni siquiera el mundo entero, podría detener a Tigris.

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