El escudo que tenía delante se hizo añicos, y luego una poderosa fuerza golpeó su palma, desgarrándole la piel.
Mientras Tigris veía la sangre manar de su mano, se tambaleó hacia atrás, conmocionado.
Mientras tanto, Jaime sintió que su confianza crecía tras aquel exitoso golpe.
—¡Maldito, hoy te voy a j*der de verdad!
Con eso, la cabeza humana de Tigris se transformó de nuevo en una cabeza de tigre. Siguiendo el rugido de una bestia, todo su cuerpo brilló en negro.
La luz se hizo tan brillante que casi eclipsó el resplandor dorado procedente de Jaime.
La oscuridad cubrió toda la tierra y trajo consigo una horrible y ominosa sensación de muerte.
Jaime frunció el ceño cuando sintió el brusco cambio en la atmósfera. Sacó su Espada Matadragones, que estaba cubierta por las brillantes llamas del fuego espiritual.
Como nunca se había encontrado con un aura semejante, sólo podía utilizar el fuego espiritual y ver si podía suprimir la desgarradora aura de la muerte.
Con lentitud, Tigris levantó las manos. Una esfera negra llena de relámpagos flotaba entre ellas, y emitía una fuerte atracción gravitatoria que parecía succionar la vida de todo ser vivo a su alrededor.
Cuando una aterradora oleada de energía se abalanzó sobre Jaime, éste apretó con fuerza la espada con rostro adusto.
«Tigris es un Manifestador, después de todo. Unos pocos movimientos no bastan para derrotarlo».
Como una parca, Tigris levitó en la oscuridad del cielo.
—Vete al infierno.
Luego lanzó la esfera negra de energía amenazadora contra Jaime.
¡Bum!
Toda la isla quedó envuelta en un espantoso y sofocante aire de muerte.

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