La multitud se ofendió al escuchar que Toño quería inmiscuirse en los negocios de otras familias.
—¿Quién te crees que eres? ¿Cómo te atreves a tener la osadía de meterte en los negocios de otras familias?
Un hombre alto y delgado de mediana edad estaba tan disgustado que empezó a reprender a Toño.
En cuanto terminó de hablar, Toño saltó con fuerza por los aires y apareció justo delante de aquel hombre.
¡Pfff!
Sin la menor vacilación, Toño atravesó el pecho del hombre y le sacó el corazón sin piedad.
La inesperada escena sangrienta conmocionó a todos los presentes, y nadie se atrevió a emitir sonido alguno.
Mientras tanto, Toño sonrió con malicia al ver la reacción de la multitud.
Levantó el corazón carmesí y gritó a la multitud:
—¡Esta es la consecuencia para quien intente hacer más comentarios!
En ese momento, la expresión de Marina se tornó sombría. A su lado, Tristán la abrazaba con fuerza mientras miraba a Toño con indiferencia.
—Toño, ni se te ocurra apoderarte de los Sandoval. ¡Por encima de mi cadáver! ¿Te crees invencible con esa habilidad tuya? Si estás en Ciudad de Jade, ¡no eres más que un don nadie!
La ira inundó las venas de Marina mientras le reprendía.
Dejó escapar una risita y respondió:
—Tienes razón. En Ciudad de Jade me consideran débil. Sin embargo, esto no es Ciudad de Jade. ¿Quién puede detenerme aquí?
Con eso, Toño soltó un ladrido de risa arrogante.
—Yo puedo.
De repente, Jaime se levantó y caminó hacia el escenario poco a poco.
Al ver a Jaime levantarse, Tristán se apresuró y gritó:
—Señor Casas…
Con Jaime allí, aquella gente no eran más que payasos.
—¿Tú? —Toño escrutó a Jaime de pies a cabeza antes de decir—: ¿Intentas estorbarme? Piérdete si no quieres morir.
Jaime le clavó la mirada y dijo sonriendo:
—¿Y si quiero morir?
—¡Si es así, cumpliré tu deseo!

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