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El despertar del Dragón romance Capítulo 1681

Tras escuchar las palabras de Fernando, Jaime sintió que debía empezar a trazar un plan.

—Señor Gabaldón, tendré en cuenta sus palabras, y pensaré en la idea de fundar una secta —le dijo a Fernando.

—Señor Casas, la familia Gabaldón estará encantada de facilitarle todo lo que necesite —le contestó Fernando.

—De acuerdo, acudiré a usted si necesito algo. Hay otras cosas que tengo que arreglar, así que me despido ya.

Jaime se puso en pie y se marchó con Evangelina.

Se dirigía a la Secta del Dios de la Medicina, pensando en encontrar una forma de curar a Evangelina.

Durante su viaje hacia allí, reflexionó sobre las palabras de Fernando.

«La recuperación de la energía espiritual... Los grandes cambios en la situación... La aparición de varias familias reclusas de prestigio...».

Jaime no sabía si aquellos asuntos le afectaban o no, pero su principal prioridad en aquel momento era curar a Evangelina y rescatar a Josefina.

Al llegar con Evangelina a la Secta del Dios de la Medicina, se dirigió directo a Álvaro.

«Si la Secta del Dios de la Medicina no tiene medicamentos capaces de curar a Evangelina, tendría que buscar otros métodos, aunque la alquimia del Dios de la Medicina es la mejor de todo el mundo de las artes marciales».

—Mi Señor, a ella sólo le queda un alma y un sentido. ¿Cómo puede recuperarse? Si estuviera al borde de la muerte, podría ser tratada mientras sus almas y sentidos estuvieran intactos. Pero ella estaría bien si no fuera por el hecho de que todas sus almas y sentidos han desaparecido. Me temo que las pastillas no podrán hacer que se recupere. Conseguir que se recupere es como ir al más allá para arrebatar sus almas y sentidos a la parca. Eso es algo que la alquimia no puede hacer —dijo Álvaro con expresión preocupada tras comprobar cómo estaba Evangelina.

El propio Jaime era alquimista, así que sabía de lo que hablaba Álvaro. Sin embargo, quería intentarlo. Si las pastillas no podían ayudarla, no le quedaría más remedio que ir a ver a Forero para preguntarle por los hechizos de encantamiento.

—Ay, parece que tendré que pensar en otra manera. —Jaime suspiró.

—Mi señor, ¿no tiene la Guía Sagrada de la Elaboración de Píldoras? Puede hojearla y ver si hay alguna forma de que se recupere —sugirió Álvaro—. Sin embargo, si no hay nada en el libro, me temo que no hay nada que podamos hacer.

—Ah, tiene razón. Cómo se me ha podido olvidar —exclamó Jaime mientras se golpeaba la cabeza. Casi se había olvidado de la existencia del libro de alquimia.

Lo más importante es que había hecho una copia de la Guía Sagrada de la Elaboración de Píldoras para la Secta del Dios de la Medicina cuando obtuvo el libro en aquel entonces.

Al recordarlo, Jaime se apresuró a pedirle a Álvaro que le trajera su ejemplar antes de hojearlo.

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