Al día siguiente, todos los ojos del mundo de las artes marciales se posaron en la familia Duval, ya que en adelante se les conocería como la Secta Duval.
Consiguieron reclutar más discípulos al pasar de ser una familia a una secta.
Giovanni, como el hombre competente que era, decoró el local de forma extravagante e incluso reunió a miles de nuevos discípulos.
Su objetivo era exhibir el poder de la Secta Duval ante todas las familias prestigiosas.
—Jaime, ya que hoy es el día de la fundación de la Secta Duval, tengo un regalo para ti —sugirió Giovanni con cierto misterio.
—¿Qué es? —inquirió Jaime sorprendido.
—Ven conmigo. Pronto lo sabrás.
Giovanni condujo a Jaime a una plaza construida exclusivamente para la fundación de la Secta Duval.
Allí, una imponente estatua se alzaba sobre el lugar.
A su señal, un trozo de tela roja que la cubría fue retirado poco a poco.
Jaime se quedó atónito al ver lo que se descubría: ¡una estatua de sí mismo!
La estatua era tan realista que era el reflejo de Jaime.
—¿Desde cuándo trabajas en esto? —preguntó Jaime perplejo.
—Hace mucho tiempo, para darte una sorpresa —respondió Giovanni con una sonrisa.
Jaime le correspondió con una sonrisa y le dio una palmada en el hombro.
—Te lo agradezco.
Jaime era de la opinión de que Giovanni era bastante inteligente. Sólo que antes su talento se veía sofocado por la cantidad de presión que Rigoberto ejercía sobre él.
Al acercarse el mediodía, llegaron muchos invitados, portadores de regalos y buenos deseos.
Jaime los recibió a todos con humildad.
En sólo media hora, más de diez sectas habían llegado para felicitar a Jaime. La grandeza del acontecimiento no tenía precedentes entre las demás familias de prestigio.
—¡Ha llegado el jefe de la familia Gabaldón!
Apenas sonaron las palabras al otro lado de la puerta, Jaime salió corriendo a recibir a sus invitados.
—Señor Gabaldón —saludó Jaime con respeto.
Por suerte, el portero de fuera volvió a gritar.
—Vladimir de la familia Garay del noroeste…
—Marcelo de la familia García del suroeste…
—Royler de la familia Gracie del noreste…
—José de la familia Danaher del este…
El sonido de los nombres conmocionó a Jaime y a todos los demás invitados, pues pertenecían a las prestigiosas familias que habían surgido hace poco. Cada uno de ellos era demasiado poderoso.
Vladimir, en particular, había derrotado a decenas de enemigos en un suspiro, convirtiéndose en una sensación de la noche a la mañana.
Jaime también estaba desconcertado por su repentina aparición, ya que no tenía ninguna relación con ellos.
—Señor Casas, no parece que hayan venido con buenas intenciones. Debe de tener cuidado —susurró Fernando.
Jaime comprendió al instante lo que ocurría. Así, asintió con la cabeza antes de salir a recibirlos. Después de todo, sería de mala educación no recibir a sus invitados.
Al mismo tiempo, Astrid salió detrás de Jaime.

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