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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1709

Todos y cada uno de los invitados se pusieron en pie ante la aparición de Armando.

—¡Señor Salazar! —saludaron.

Jaime no había previsto la llegada de Armando y se quedó atónito.

—Señor Salazar, ¿qué lo trae hoy por aquí? —inquirió Jaime mientras se acercaba rápido a Armando.

—Sería un descuido no felicitar en persona al fundador más joven de la secta Ciudad de Jade —Armando torció los labios.

Julen tenía una mirada sombría al ver a Armando, pero aun así se dirigió a él con tono cortés:

—Señor Salazar.

La mirada de Armando lo recorrió de arriba abajo antes de pronunciar con desdén:

—Lárguense.

Julen tiró de Saulo y se marchó a toda prisa.

La presencia de Armando aumentaba la gloria de Jaime, pues se decía que era cariñoso con este último. Sin embargo, parecía que había mucho más que simple cuidado y preocupación.

Incluso Vladimir y los otros jóvenes y talentosos luchadores estaban verdes de envidia ante la actitud de Armando hacia Jaime.

—Tome asiento, señor Salazar —le invitó Jaime.

—Gracias por el ofrecimiento, pero paso. No quisiera quitarles el apetito a todos. —El señor Salazar sonrió con suavidad y continuó—: El motivo de mi visita era informarte que la familia Gayoso ha pisado nuestras costas. Te van a lanzar un desafío, que confío en que sabrás afrontar.

A Jaime se le encogió el corazón. No esperaba que la familia Gayoso no se hubiera rendido después de tanto tiempo.

Poco sabía Jaime que habían estado maquinando formas de entrar en Cananea y asesinarlo. Sin embargo, sus intentos fueron frustrados por los hombres de Armando en las fronteras del país.

Asintió con la cabeza.

—Lo tendré en cuenta, señor Salazar.

Armando no se demoró mucho y se marchó poco después de transmitir su mensaje.

—¿Quién te crees que eres? ¡Piérdete! Qué atrevido eres al creerte tan bueno como para retar al señor Casas.

Uno de los invitados se puso en pie y le levantó la voz a Junio.

Junio empuñó con fuerza su katana y la blandió, con el frío brillo de su espada como un lobo preparado para abalanzarse sobre su presa.

El invitado apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que una nueva herida apareciera en su cuello. Al instante siguiente, todo su cuerpo se inclinó hacia delante.

Junio parecía no haberse movido ni un milímetro.

Todo el mundo se puso en pie de un salto ante aquella flagrante muestra de violencia.

Jaime se puso en posición de combate y dirigió una mirada torva a Junio. Sin embargo, Marcelo saltó en el aire justo cuando Jaime iba a comenzar su ataque.

—¡Cómo se atreve un simple Ronin de Jetroina a hacer lo que le da la gana!

Un aura aterradora emanó al instante de Marcelo y rodeó a Junio.

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