—¡Señor Casas, ha estado impresionante!
—¡Ha estado increíble, señor Casas!
—¡Jaime, eres increíble! Te quiero.
La multitud vitoreó a Jaime en el momento en que Junio murió.
Kazuo, por supuesto, tenía una mirada sombría.
—Señor Kawaguchi, dije que era incierto quién viviría y quién moriría. Aun así, tengo que decir que la hechicería de Jetroina es patética —comentó Armando con una pequeña sonrisa.
Kazuo tenía una mirada gélida mientras agitaba la mano y decía:
—Me despido, señor Salazar.
Y Kazuo se marchó. Sin embargo, antes de marcharse, se volvió para mirar a Evangelina por última vez. Quería recordar a esta chica.
Armando no se quedó después de que Kazuo se fuera. Después de todo, estaba allí para impedir que Kazuo interviniera en la pelea.
Si Kazuo entraba en la batalla, Jaime sin duda fracasaría, pues Jaime no era rival para Kazuo.
Después de que Jaime matara a Junio, todos los que querían aliviar su estatus retando a Jaime dudaron.
Todos ellos habían esperado luchar contra Jaime ese día, pero al descubrir el verdadero poder de Jaime, se encontraron con que su confianza huía de ellos.
En especial Marcelo, ya no se atrevía ni a mirar a Jaime, pues la vergüenza lo embargaba.
Aquel día, la noticia de que Jaime había matado al samurái jetroiniano corrió como la pólvora en el foro de artes marciales. Además, Armando fue en persona a la secta que Jaime había fundado para darle sus bendiciones.
Eso hizo que el estatus de Jaime se disparara a cotas sin precedentes, y mucha gente empezó a manifestar su interés por unirse a la Secta Duval.
En pocos días, la Secta Duval superó a las demás sectas y familias prestigiosas, su progreso no tenía parangón en ninguna otra organización del mundo de las artes marciales.
Otro factor, aparte de la fama de Jaime, que contribuyó al rápido desarrollo de la Secta Duval fue la forma en que Jaime pensaba compartir sus recursos. Planeaba escoger a individuos con talento para entrenarlos y convertirlos en marqueses de las artes marciales.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón