Mirando a Jaime, Ono se dio cuenta por fin de que era tan débil como una hormiga indefensa en comparación con su enemigo.
—¿Dónde está la chica que capturaron? —volvió a preguntar Jaime.
—¡Sígueme si te atreves, tarado! —Una mirada gélida pasó por los ojos de Ono mientras apretaba los dientes, como si estuviera planeando hacer algo.
Siguiendo a Ono, Jaime se adentró en la cueva. Al mismo tiempo, un aura sangrienta y aterradora se hacía más densa.
Poco después, se dio cuenta de que las paredes de yeso se estaban humedeciendo y el suelo también.
Cuando Ono llegó frente a una puerta de piedra, detuvo sus pasos y se quedó mirándola como si estuviera dudando sobre algo.
Al sentir que Jaime se acercaba por detrás, se armó de valor y empujó la puerta antes de entrar en la habitación.
Sin vacilar, Jaime lo siguió.
Pronto vio una sala muy espaciosa en el interior.
En medio de la sala había un altar redondo. Una araña gigante, que no dejaba de escupir hilos de seda estaba sentada en el centro del altar, atrapada en una jaula hecha de luz.
Pegados a las paredes rocosas de la sala había objetos parecidos a crisálidas envueltos en hilos de seda.
Jaime no esperaba que sus enemigos guardaran una bestia demoníaca en su escondite.
«Por el tamaño de la araña y el aura que emite, está claro que es una bestia demoníaca de alto nivel. Creo que podría ser tan poderosa como un Marqués de Artes Marciales o incluso un Gran Marqués de Artes Marciales. Sin embargo, una bestia demoníaca siempre será más fuerte que un humano, aunque estén en el mismo nivel de poder».
—No puedo creer que tengas las agallas de seguirme hasta aquí, mocoso. No hay duda de que morderás el polvo en cuanto libere a esta bestia araña —amenazó Ono.
Jaime se burló:
—¡Deja de parlotear y suéltala! Si no me equivoco, esta bestia araña no obedece tus órdenes. Si la sueltas, lo primero que comerá serás tú.
Al escuchar eso, Ono frunció el ceño. Estaba claro que Jaime había acertado de pleno con su suposición.
¡Clang!
En lugar de Ono, la espada de Jaime cayó sobre la bestia araña.
Se escuchó un crujido mientras la bestia araña chillaba de agonía. Sin embargo, resultó ilesa.
Jaime hizo una leve mueca al ver aquello.
«Claro que no usé todo mi poder en ese ataque, ¡pero no puedo creer que ni siquiera atravesara la defensa de la bestia araña!».
La bestia araña lo miró, pero no lo atacó. En su lugar, abrió la boca e intentó morder a Ono.
En el instante en que Ono se percató de la forma de actuar de la criatura, saltó y pateó un objeto con forma de crisálida que había en la pared de piedra.
Cuando ese objeto estuvo a punto de golpear a la bestia araña, la criatura utilizó dos de sus patas para atraparlo antes de desgarrar el hilo de seda exterior con dos afiladas garras.

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