Justo cuando Jaime estaba a punto de dar por terminada la reunión y proceder con los preparativos, alguien informó que Javier de las Fuerzas del Orden Público había llegado, y Jaime de inmediato hizo que sus hombres recibieran a Javier dentro.
«Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vi. Me pregunto qué habrá estado haciendo».
Javier entró y se quedó un poco helado al ver a Jaime. Poco después, una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Se nota que has mejorado mucho tu fuerza, Jaime. Aún recuerdo la primera vez que te vi. No eras más que un niño al que la gente acosaba, e incluso necesitabas la protección de Ramón. Pero en apenas un año, ¡te has convertido en el líder de la secta más importante de Ciudad de Jade!
Javier suspiró para sus adentros. Hace un año, consideraba a Jaime un insignificante debilucho, pero ahora, tenía que admirar a Jaime.
—No me halague demasiado, capitán Llano. No me visitaría sin motivo. No tiene más que decirme por qué está aquí —comentó Jaime con una leve sonrisa.
—El señor Salazar pidió verte y vengo a recogerte.
—¿El señor Salazar pidió verme? —Jaime se sorprendió, pues no sabía por qué Armando quería reunirse con él en ese momento.
—Sí, ven conmigo. No hagas esperar mucho al señor Salazar.
Tras decir esto, Javier agarró la mano de Jaime y tiró de él.
Pronto, Jaime llegó al Departamento de Justicia, sólo para ver a Armando tomando café con calma y con un tablero de ajedrez colocado frente a él.
Al ver a Jaime, Armando le hizo señas con la mano para que se acercara y le dijo:
—Siéntate, Jaime. Juega una partida conmigo.
Jaime se quedó estupefacto.
«¿Me había citado aquí sólo para jugar al ajedrez conmigo?».
A pesar de su confusión, guardó silencio y caminó hacia Armando, tomando asiento frente a él.
Armando le sirvió él mismo a Jaime una taza de café.
—Pruébalo. Este café es auténtico.
Estudiando a Armando, Jaime trató de adivinar lo que pasaba por la mente del otro hombre, pero fue en vano, así que sólo pudo sorber el café.
—Está bueno.
—Jajaja, que el café esté bueno o no depende del humor de la persona. En realidad, no tiene nada que ver con el café.
Haciendo una pausa, Armando añadió:
—¿Lo suficientemente fuerte? —Armando levantó un poco la cabeza para mirar a Jaime—. ¿Qué tan fuerte eres ahora?
—Ahora soy un Gran Marqués de Artes Marciales de Quinto Nivel.
—Gran Marqués de Artes Marciales de Quinto Nivel —repitió Armando.
Entonces, de repente, golpeó a Jaime con la palma de la mano.
Jaime trató de esquivar por instinto, pero fue demasiado tarde. Salió despedido hacia atrás por la fuerza, aterrizando sobre una silla y haciéndola pedazos.
A pesar del impacto, salió ileso. Con expresión sombría, Jaime miró a Armando.
—¿Crees que puedes derrotar a siete Grandes Marqueses de las Artes Marciales y a dos reliquias sagradas de las artes marciales con tu fuerza actual? —preguntó Armando, mirando a Jaime.
—¿Dos reliquias sagradas de artes marciales? —Jaime se quedó helado—. ¿Quiere decir que la Alianza de Guerreros tiene dos reliquias de artes marciales sagradas?
—Así es. —Armando confirmó con un movimiento de cabeza.
Al escuchar eso, Jaime entró en pánico. Le había costado mucho lidiar con una reliquia sagrada de artes marciales, y eso que contaba con la ayuda de su demonio de sangre.

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