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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1802

Alex se exaltó al instante al escuchar aquello.

—¿Qué? ¿Estás seguro? ¿Viste bien?

—Estaba bastante lejos, pero me resultaba muy familiar. —El hombre de negro no se atrevió a confirmar lo que había visto.

—No puedo creer que Ana en verdad esté aquí... —La mirada de Alex se volvió gélida—. Lleva unos cuantos hombres contigo e intercéptalos. Quiero a la princesa Ana viva. No debes hacerle daño. En cuanto al resto, ¡mátalos en cuanto los veas!

—Entendido —respondió el hombre de negro con un movimiento de cabeza antes de marcharse.

El rostro de Alex reveló una sonrisa siniestra. Homero había ordenado a Alex que matara a Ana, pero éste quería capturarla viva. Parecía que tenía su propio motivo oculto para hacerlo.

En ese momento, Jaime y compañía desconocían el inminente ataque y continuaban su camino hacia la cumbre.

Cabía la posibilidad de que la entrada a las antiguas ruinas estuviera en la cima de esta montaña nevada.

—¿Cuánto más tenemos que caminar? —preguntó Ana sin aliento mientras miraba hacia arriba, tratando de buscar la cumbre que no estaba a la vista.

Era la más débil del grupo. Por lo tanto, después de largas horas de escalada sin parar junto con las duras condiciones climáticas, su resistencia se estaba agotando.

—¿Por qué no descansas aquí un rato? Volveremos por ti cuando encontremos las ruinas antiguas y al Rey de las Hierbas.

Jaime sabía que, con la fuerza actual de Ana, le era difícil continuar la caminata. Si se esforzaba y los seguía, no sólo no sería de ninguna ayuda, sino que se convertiría en su carga.

Ana asintió con la cabeza. Era consciente de sus limitaciones y sabía que ya no tenía fuerzas para seguir subiendo.

—El resto del equipo contará contigo, Jaime —dijo Ana.

—No te preocupes. Andrés se quedará y cuidará de ti.

Jaime sacó algunas provisiones del Anillo de Almacenamiento y se las entregó a Ana antes de asegurarse de que estaría bien. Después continuó la subida con el resto del grupo.

Andrés encontró un lugar seguro para que Ana descansara y le dijo a la dama:

—Ya que el Papa nos ha enviado a buscar las ruinas antiguas, aprovechemos esta oportunidad. Si podemos encontrar las ruinas antiguas y la legendaria espada sagrada, podremos erradicar a Alex. Con él fuera, la Secta Flamígera no necesitará mostrar respeto por la familia real. Mientras me seas leal, podrás sucederme como sacerdote principal y heredar todo lo que poseo —Joel seguía persuadiendo a Daniel para que creyera en su causa.

Daniel no dijo nada más, pero seguía sin comprender el razonamiento de Joel.

Poco después, una espesa niebla apareció y bloqueó su camino.

Había algo raro en la niebla. Era como si hubiera aparecido especialmente para interponerse en su camino.

—Señor Joel, mire. De repente hay niebla —dijo Daniel, mirando la niebla que tenían delante.

—¡Ya lo sé! —respondió Joel con las cejas fruncidas mientras daba una ligera sacudida a su cencerro de bronce.

Las ondas sonoras desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos cuando llegaron a la niebla.

«Qué niebla tan extraña...». Joel frunció el ceño.

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