—Ahora que la espada demoníaca ha sido destruida, por fin podemos entrar en la otra vida…
El anciano miró a Jaime. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro mientras se desvanecía lentamente en el aire.
«¡Pensar que la codicia pasajera podía incluso aniquilar a toda una secta!». Un suspiro escapó de los labios de Jaime.
Jaime se dirigió entonces hacia la salida, sólo para descubrir que Forero ya no estaba en el mismo lugar esperándolo.
Impotente, Jaime tomó el mismo camino de vuelta por su cuenta.
Mientras tanto, Forero estaba sentado en las antiguas ruinas, con aspecto desolado.
—Creo que deberíamos regresar. Aún tengo que pensar en la forma de dar la noticia a esas mujeres que esperan en el hotel. Ese tipo es demasiado celoso para su propio bien. Sabía que todas las mujeres lo estaban esperando, pero nunca aprendió a apreciar a ninguna de ellas. Qué descaro tuvo para abrirse paso a golpes. Qué movimiento más tonto y suicida —comentó a Gilberto y a los demás.
—De ninguna manera... ¡Jaime no morirá! ¡Prometió curar a mi padre!
A Ana se le llenaron los ojos de lágrimas.
«Si Jaime está muerto, ¿quién más puede tratar a papá?».
—Señor Forero, es imposible que el señor Casas muera con tanta facilidad, ¿verdad? ¿Lo vio morir con sus propios ojos?
Gilberto tampoco estaba convencido de que Jaime fuera a morir tan pronto. Después de todo, éste era hijo de un dragón.
—¿Estás dudando de mí? Dentro no hay más que peligro. Nunca lo logrará —refutó Forero con seguridad.
Justo entonces, Evangelina intervino:
—Yo también creo que Jaime sobrevivirá.
Forero, a su vez, no se atrevió a refutar el comentario de Evangelina, pues era plenamente consciente de la identidad de ésta. Jamás se atrevería a ofender lo más mínimo a aquella dama.
—Bueno. Ya que ustedes no me creen, podemos esperar aquí un par de días más. Si para entonces seguimos sin ver a Jaime, abandonaremos este lugar. No podemos quedarnos aquí toda la eternidad, ¿verdad?
Forero estaba exasperado.
En ese momento, la voz de Jaime sonó desde atrás.
—¿Quién dice que estoy muerto? Señor Forero, usted no me vio exhalar mi último suspiro, ¿verdad? ¿Me está maldiciendo con sus palabras?
—¡Jaime!
En cuanto Jaime estuvo a la vista, Ana fue la primera en abalanzarse hacia él emocionada.
—¡Sabía que aún estarías vivo!
—¡Madre mía! ¡Seguro que vives una vida bendita! La energía de espada dentro de la tumba de espadas es tan poderosa, y aun así saliste vivo.
Forero se sorprendió bastante al ver a Jaime.
Justo cuando las damas charlaban entre ellas, Jaime y el conjunto aparecieron de repente en la puerta.
Atrás quedaron las quejas y el resentimiento hacia Jaime cuando las mujeres lo vieron. Se abalanzaron hacia él, anhelando un abrazo del hombre que habían echado de menos.
Aun así, estaban demasiado avergonzadas para hacer un movimiento, ya que había tanta gente alrededor.
—¿Me echaron de menos? —se burló Jaime.
Miró al grupo de mujeres que tenía delante y les dedicó una sonrisa burlona.
—Vamos, todas. Acérquense por turnos y les daré un fuerte abrazo a cada una.
—¡Hmph! ¡En tus sueños! Chicas, ignorémoslo.
Un bufido acompañó las palabras de Lilia mientras ponía los ojos en blanco.
Astrid replicó:
—¡Bien! Tendrá lo que se merece por dejarnos atrás.
Con eso, las damas regresaron a sus habitaciones. Jaime, sin embargo, se dio cuenta de que todas habían estado preocupadas por él.
Al ver la escena, Forero se puso verde de envidia.

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